Andando llegará mucho antes

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XABIER NOVO

Crónica | La odisea de atravesar en bus una ciudad levantada por las obras Los autobuses urbanos llegan a contabilizar retrasos de hasta una hora por no poder pasar por un tramo de la ronda de poco más de trescientos metros

06 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Si no fuese por el cambalache originado por las obras, casi se podría decir que Lugo tiene, en el mes de agosto, los autobuses urbanos más rápidos de España y los más económicos porque por 55 céntimos puede viajar estos días durante una hora o más y librarse del sofocante calor. Para saber hasta qué punto incide en el transporte urbano la situación en que se encuentra la «zona cero» subimos al bus 3A que hizo ayer a las 10,25 de la mañana el recorrido Ramil-Acea de Olga y viceversa. Pensando en un posible retraso en la salida, quien esto les cuenta casi se queda en tierra porque el bus partió a la hora clavada y se plantó en exactamente quince minutos en la ronda da Muralla. En el trayecto entre Ramil y la primera parada existente un poco después de la gasolinera de San Rafael no subieron viajeros. Por cierto que en el itinerario entre el punto de partida y Garabolos, no hay ni una sola marquesina. Parece como si los usuarios del extrarradio fueran de tercera. Va todo bien. Viaje rápido, autocar super limpio, bien equipado (no faltan ni un solo martillo para rotura de los vidrios en caso de emergencia, ni los extintores, ni cinturones) y el aire acondicionado y va una temperatura correcta. Dicen que la felicidad dura poco porque nada más dejar la parada de Obras Públicas precisamente eso, las obras públicas, obligan a modificar el itinerario. Dar la vuelta hacia Germán Alonso supone, en ocasiones, un suplicio para los conductores por culpa de unos contenedores y de los coches mal aparcados. En este caso, pasamos a la primera. Empieza la bajada al abismo del caos. Hay dos guardias en la Fonte dos Ranchos que evitan el embotellamiento pero desde aquí ya no vuelve a aparecer otro agente hasta lo que debería ser el final del trayecto. La rapidez se acaba en la ronda do Carme convertida en algo así como en La Castellana atiborrada de coches. Es aquí donde la fama de puntualidad que adquirieron los buses durante el mandato del nacionalista Xosé Anxo Lage se pierde. Exactamente 13 minutos dura el atasco. En el interior del bus, además del paciente y profesional conductor somos tres viajeros. Uno se levanta y empieza contarle algo de su vida al chófer. Estuvo en Lugo dos años allá por los sesenta y la ciudad no era nada. Ahora se sorprende por lo que creció. Quiere ir a la estación de autobuses y el conductor entra a saco directamente en el problema: «Se llegaba antes andando porque ya ve como está esto». ¿Por qué se monta el follón? Por el semáforo del cruce de la calle Santiago. No hay un triste guardia que regule la circulación. El martes sí que estuvo uno y el atasco fue menor, por lo que me contó luego el conductor. Además, resulta difícil de entender como consienten que los coches aparquen todo a lo largo de la ronda do Carmen. El espacio que ocupan hubiese servido perfectamente para un carril bus y las cosas cambiarían. Otra solución sería habilitar un carril por la ronda desde la Porta do Hospital a la calle Vilalba únicamente para el autobús. Pero prosigamos porque son las once, la hora en que el autobús debería haber llegado a Acea de Olga y aún le queda por pasar el semáforo de la República Argentina que está tan poco tiempo en verde que apenas pasan cinco coches. El bus, para llegar a Ramón Ferreiro, sube por Pintor Corredoira pero no es nada fácil girar en dirección a Fingoi sobre todo si algún conductor desaprensivo aparca en las esquinas como sucedió ayer. Estamos ya libres de atascos. Realmente sólo nos «comimos» tres paradas de lo que hubiese sido el itinerario habitual, además de otras dos en las rúas da Torna y da Zarra, que están en obras. Volvemos de nuevo hacia la vorágine de la Ronda. Suben más viajeros, pocos, y comienza un animado debate con dos temas únicos: el chapapote que hay en las playas de A Mariña y las obras. «La ronda depende de Fomento, señor mío», le dice un viajero a otro que echaba chispas contra el Ayuntamiento. El conductor descubre que debo tener pasión por viajar en bus o que algo controlo. Le pregunto como va todo y responde que ya lo pude comprobar. Vamos casi quince minutos retrasados asegura pero pudo ser peor. El martes, por ejemplo, se tuvo que «comer» una vuelta como consecuencia del retraso, casi una hora. Profetiza un caos para pasado mañana (y para cuando empiece el curso) que es día de mercado y casi me dan ganas de volver a darme una vuelta. Total, por 55 céntimos... De regreso a Ramil nos cruzamos con el número 3. Lleva 25 minutos de retraso. Pregunto al chófer si no acaba hasta arriba de tanto problema y de tanta vuelta. Dice que intenta no estresarse. Lleva siete años en esto y está curtido. Buena falta le hace, tal y como está el panorama.