28 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
José Fernández Fernández fue el único de los ocupantes del todoterreno que pudo volver ayer a su casa en Queirogal, en Baleira. «Eu podo comentar ben pouco. Oín '¡cuidado que lle damos!' e non sei máis. Perdín o coñecemento e despertei no hospital». José Fernández presentaba magulladuras y golpes por todo el cuerpo. Tenía un ojo morado que se lo causó con su propio puño. Este vecino de Queirogal, al que le ardió la casa en el mes de mayo pasado, viajaba con otros ocho compañeros a Vilalba, cuando sufrieron el accidente en el que falleció una compañera. «Foi bastante, pero puido ser peor», dijo.