El colegio público de Cervo está volcado, desde hace años, en el aprendizaje y la integración de dos alumnas con síndrome de Down. Estudian sexto de primaria y su gusto por la lectura es extraordinario
10 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La enseñanza es, en sí, un reto difícil. Pero más en situaciones especiales que son toda una experiencia rica y muy agradecida porque cada paso de éxito es un gran paso. El colegio público de Cervo está volcado en cada jornada escolar con dos alumnas de excepción, Laura y Marta, con síndrome de Down. Su desarrollo en el aprendizaje y su integración en la comunidad educativa ha sido más que notable desde que entraron en las aulas cervenses. Los logros actuales han sido posibles gracias a la voluntad de muchas partes: padres, profesores, compañeros... Y también a un método educativo de lecto-escritura que se aplicó en sus primeros años de escuela en Cervo, hace tiempo, procedente de la Asociación Cántabra Síndrome de Down por iniciativa de los propios padres. Tras la de Manuel Parga, su tutor, Laura y Marta acuden antes del recreo a la clase de Araceli, profesora de apoyo. Primero asoma la timidez. Pero poco a poco va ganando terreno la confianza. A ambas les apasiona la lectura. Laura, que tiene 13 años ya cumplidos pero espera aún la celebración «e invitar ós compañeiros», es una fan de Titín y Zipi Zape. Marta, de 12, elige su libro preferido: «Robin e a boa xente». Aunque se confiesan «moi boas amigas», uña y carne, sus gustos difieren. Laura dice que su asignatura preferida es el gallego y que de mayor quiere ser... «peluquera, xa non quero ser médico». Marta se decanta por las matemáticas y es más firme en su sueño futuro: «Ser dentista». Los viajes y las excursiones escolares son unas herramientas educativas esenciales. El exterior es otra aula más, muy satisfactoria. Santiago fue uno de sus destinos con los compañeros de clase y Laura, como le recuerda su profesora Araceli, tuvo la oportunidad de sentarse «no asiento de Fraga». También ha visitado Marruecos. Su amiga, aprovecha los veranos para ir a Sada. El deporte, esencial, les motiva. «Para elas foi unha satisfacción moi grande cando aprenderon a saltar á comba. Son pequenos logros pero que para elas significan moito», afirma la docente. Marta, además, practica gimnasia rítmica en Viveiro. Ella sorprende, finalmente, cuando al hablar de su animal favorito menciona «a vaca» pues su abuelo tiene una. Laura cuida de su gata Micha y sus tortugas. Al final de la clase, Araceli las anima a leer un cuento, la Rata Rita. «Elas son a alegría do centro. Estimulan. Son cariñosas e tan naturais...».