El ambiente de la plaza cambió tras las últimas actuaciones urbanísticas De un tiempo a esta parte la Fonte do Rei se está convirtiendo en una especie de plaza de Azca madrileña de los años 80, salvando las distancias, es decir, dividiendo las magnitudes entre 50, que es la proporción entre esta capital y la del Estado. Hace dos décadas, en Azca se reunían los chavales más modernillos y gente de la movida que rendía culto a Aviador Dro en un altar de metal brillante y cristal. Aquí se mezclan «cíber», salas de juegos, copisterías y tiendas de 24 horas embadurnadas por un olor a pizza y a cerveza.
06 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un domingo por la mañana Antonio se levanta y, tras desayunar, mira por la ventana del cuarto piso para saber si tiene que ponerse el chubasquero para sacar el perro. No llueve, pero la fuente está totalmente nevada a pesar de lo avanzada de la primavera y de que las lejanas montañas de Os Ancares no relucen. Lógicamente, lo del agua no es nieve, es la consecuencia de la esmorga del sábado y de los botes de lavavajillas que le echaron creyendo que era la paellera de Villaenmedio . Un miércoles por la noche Antonio se retira a su dormitorio y, al acercarse a la ventana para bajar la persiana, ve el estruendo que hacen decenas de bañistas en medio de la plaza, pese a que aún no se abrió la temporada oficial. Es que unas horas antes se ganó una trascendental batalla futbolística. Todo ello ocurre en una plaza que es el centro de una Y conformada por tres largas vías, que vistas por la noche desde la terraza de los edificios más altos le dan a la zona un ligero aire de modernidad. Las cervecerías, las salas de juego y los cíber son lugares de cita para estudiantes de enseñanzas medias o superiores que llegan desde barrios dispersos y se concentran al borde de los dominios universitarios el día de marcha por la noche o a media tarde del festivo. Iván recorre en su monopatín la calle Laxeiro a la velocidad de la nave del videojuego. Lleva sus 13 o 14 años enfundados en un amplísimo pantalón caqui plagado de bolsillos, que no se le cae a pesar de estar fuera de los goznes. El día de autos está solo pero dice que habitualmente queda allí con los colegas para hacer skate o echar unas carreras en el fórmula 1 y en las motos de la sala de juegos. La sesión puede acabar comiendo una completa con mucho ketchup , acompañada por una coca . La acera izquierda de la avenida de Madrid, la pequeña manzana que conforma la reciente calle Laxeiro y San Roque es la ruta más movida y moderna, diferenciada de los tranquilos edificios residenciales de Ramón Ferreiro y punto de partida de las sesiones que continuarán en los cercanos pub de «la» Marina o San Roque, y en las discotecas del sur. Entre ambas, unas desvencijadas casas ubicadas en otra no menos desvencijada calle impropia del nombre que lleva: Ortega y Gasset. Son pequeñas edificaciones que están esperando la piqueta por la vía de la ruína irremisible y premeditada. Algún año de estos las diminutas puertas y ventanas serán sustituidas por grandes cristaleras coronadas por llamativos letreros, como los de las casas de enfrente. Es la única esquina vacante que queda en esta plaza que también es destino de churrasqueros , que se reúnen por docenas los fines de semana a celebrar despedidas a base de criosos y costilla.