ENRIQUE G. SOUTO EL PULSO DE LA CIUDAD Los coches aparcados en las aceras de San Roque provocan gran número de quejas vecinales
14 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La señora lo intentó. Lo intentó en serio. Lo intentó hasta que su cara se puso preocupantemente roja. Al fin se rindió. -Non pasa. No, señora, no pasa. El carrito de la compra no pasó entre la pared del edificio y el coche subido a la acera en la calle San Roque. Además, hubiese dado igual que la señora superase el insuperable obstáculo, porque tampoco cabría su bolsa con ruedas unos metros más adelante, donde otro coche ocupaba casi toda la acera. Las aceras de San Roque son el escaparate de la gestión del concejal de Tráfico, Francisco Fernández Liñares, que, como es sabido, tiene alguna experiencia en asuntos de agricultura y ganadería. La señora de más arriba es, según se pudo comprobar, mujer tranquila y resignada. No protestó. Tranquilidad y resignación son cualidades que no forman parte de las muchas que, seguramente, engrandecen al caballero que, en la misma acera, estuvo a punto de sufrir un grave quebranto en una muy delicada parte de su anatomía. El viajero de uno de los coches aparcados sobre la acera abrió de golpe la puerta justo cuando pasaba el caballero escasamente dotado de tranquilidad y resignación. De lo que sí estaba bien dotado era de calificativos de grueso calibre, de los que una parte muy significativa estuvieron dedicados al concejal Liñares y al alcalde Orozco. Las aceras de San Roque son un espectáculo muy entretenido. Es una diversión que los lucenses no agradecen debidamente ni al Ayuntamiento -ya se habló de los méritos del concejal de Tráfico- ni al ministerio de Fomento. Con igual eficacia y esfuerzo, cada una de las partes y las dos en unión, mantienen la calle San Roque como en los tiempos de las diligencias y el Mesón de Aguiar. -¿Y la señora? La señora, como numerosos lucenses: convencida de que en Lugo las aceras son la parte de la calle reservada a los coches. Y tranquila y resignada.