La Xunta aprobó una inversión de 70 millones para restaurar este pueblo de Navia de Suarna La aldea ancareña de Coro, considerada como uno de los mejores conjuntos etnográficos de Galicia, tampoco se salva de las aberraciones urbanísticas. Una capilla de 1804 fue convertida en garaje. Uno de sus hórreos, de tipología asturiana, fue cubierto con planchas de hojalata y algunas de sus casas comparten la mampostería y sillería de pizarra de la zona con ladrillo. Son sólo lunares negros, no demasiados, en un núcleo relativamente bien conservado que ahora la Xunta plantea rehabilitar con una inversión inicial superior a los setenta millones. El Consello da Xunta aprobó ayer un acuerdo a tres bandas para realizar los trabajos.
27 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los vecinos presumen de tener un pueblo bien cuidado y, sobre todo atractivo. «Si se fixa, non hai lixo ningún», advirtió una vecina. A lo largo del verano recibieron decenas de visitantes, pese a que Coro no es muy conocido. Los técnicos de la consellería de José Cuiña también lo visitaron y fotografiaron decenas de veces. Este conjunto etnográfico, de gran belleza, está en el punto de mira de la Xunta que pretende rehabilitarlo. Ya hay presupuesto: setenta millones. Los vecinos ya no creen nada porque ya hace cinco años que les anunciaron el «maquillaje». Coro tiene un aspecto atractivo pero un paseo por sus estrechos caminos permite descubrir las barbaridades arquitectónicas. Por ejemplo, una capilla del año 1804 fue reconvertida en garaje. Su dueño, que reside habitualmente en la zona de Ponferrada, le quitó el campanario y la campana. Como no podía meter el coche por la puerta principal tiró la pared posterior y habilitó una entrada. El furor automovilístico pudo con los santos. Ahora, Santa Mariña, la patrona, tiene que conformarse con ocupar otra de las capillas, completamente abandonada, y su interior está lleno de las hojas, que parecen almas, procedentes de un soberbio souto de castaños centenarios que está en los alrededores. Diez hórreos En la visita, el lugareño Manuel Álvarez y su burra Juana -la única representante del mundo de los jumentos en Coro- hacen de guías. El dueño del animal comenta que en la aldea hay diez hórreos asturianos. Sólo dos fueron atacados salvajemente. A uno le colocaron uralitas en la techumbre y a otro planchas de hojalata. Manuel no cometió atrocidades con el suyo. «Queríanmo comprar. Díxen que o regalaba se o levaban enteiro», bromea. Las casas, todas construidas con bloques de piedra de pizarra de la Pedreira da Volta, están bien conservadas. De las trece existentes, sólo llegó el cemento y el ladrillo a la fachada de tres o cuatro. El aluminio también es un producto raro en esta aldea, situada a 90 kilómetros de Lugo.