Carlos Fernández, historiador: «El abad de San Vicente tuvo tanto poder como el obispo de Lugo»
MONFORTE DE LEMOS
Rodríguez dará una charla sobre la historia del monasterio monfortino
07 feb 2026 . Actualizado a las 13:03 h.Antiguo profesor del instituto Río Cabe, Carlos Rodríguez Fernández (Monforte, 1957) dará este viernes en la Casa de Cultura monfortina —a las 20.00 horas— una charla divulgativa basada en su tesis doctoral La colección diplomática de San Vicente del Pino. El acto está organizado por las asociaciones culturales Amigos do Patrimonio de Lemos y O Colado do Vento. El trabajo, que presentó en la Universidad de Granada en 1990, no se ha publicado en forma de libro en papel pero está editado íntegramente en internet. La tesis recoge numerosos documentos procedentes del antiguo monasterio benedictino de Monforte.
—¿En qué archivos están los documentos que estudió?
—Una parte de ellos se halla en el Archivo Histórico Nacional, pero lo más importante se conserva en el monasterio de Samos. Allí encontré 132 documentos que antes no se conocían, entre ellos una bula del papa Urbano VIII, redactada en 1624, por la que fue creada la cofradía de la Virgen de Montserrat.
—¿Cuál es el más antiguo que pudo encontrar?
—El documento más antiguo que hace referencia a este monasterio es del año 791 y en él se menciona la asistencia del abad de San Vicente a uno de los concilios de Oviedo. Pero se ha probado que los documentos de estos concilios son falsos. El documento fiable más antiguo es del año 915 y habla de tres abades que ya había tenido por entonces el monasterio. Por ello se puede decir que este convento es anterior al siglo X, aunque no se ha podido encontrar el documento de su fundación.
—¿Es uno de los monasterios más antiguos de Galicia?
—Aparte del de Monforte, los únicos anteriores al siglo X de los que hay documentación son los de Samos, San Martiño Pinario de Santiago y Santa María de Ferreira de Pallares.
—¿Qué importancia llegó a tener, según esta documentación?
—Un aspecto que me llamó mucho la atención es que fue considerado como nullius diocesis, o sea, que no estaba sujeto a la autoridad del obispo de Lugo. Este es un rango muy poco común, que también tuvo el monasterio de Samos. Eso quería decir que el abad de San Vicente tenía tanto poder como el obispo de Lugo. Si este venía a visitar el monasterio de Monforte, se encontraba con un abad con una corona y una mitra como la suya. Al llegar a las tierras de la jurisdicción del abad, el obispo tenía que poner su báculo del revés, con la voluta hacia abajo, en señal de que entraba en un territorio que él no gobernaba.
—¿Cuánto tiempo duró ese rango?
—Es difícil saberlo, porque en 1232 el obispado de Lugo inició un pleito para que se reconociese su autoridad sobre la abadía de San Vicente. Ese pleito duró muchísimo tiempo y generó una documentación muy extensa que no estudié a fondo. Pero en la bula de Urbano VIII del siglo XVII se sigue mencionando a la abadía de Monforte como nullius diocesis, lo que es muy curioso.
«El archivo de la abadía fue muy importante, pero se perdió en gran parte»
En su tesis doctoral, que elaboró durante cuatro años, Rodríguez estudió un total de 532 documentos del antiguo monasterio monfortino.
—¿Que dimensiones llegó a tener el archivo de la abadía?
—Sin duda fue un archivo muy importante, con una cantidad enorme de documentos. Lo que pasa es que se perdió en gran parte, seguramente a causa de incendios —lo que era algo bastante frecuente— o de otras circunstancias. Los documentos que estudié, además, están muy desconectados unos de otros, por lo que no sirven para reconstruir una historia continuada de la abadía, pero aún así contienen muchos datos de interés que se ignoraban antes de mi tesis. Los historiadores habían escrito muy poco sobre este monasterio porque casi no se conocían documentos sobre él.
—¿No ha pensado en publicar su tesis en forma de libro?
—No estaría mal que alguien se interesase en editarla y yo estaría encantado. Pero lo que más me importa es que la Universidad de Granada la difundió después de que fuese aprobada, como se hace con todas las tesis doctorales. Los documentos que recogí en ella están desde entonces al alcance de los historiadores. Ese es el objetivo de los trabajos como este, facilitar el acceso de los investigadores a los antiguos documentos.