Lora, un bético que triunfó en el Lemos

El sevillano llegó a finales de los sesenta y contribuyó a un ascenso y a dos permanencias


monforte / la voz

A finales de la década de los sesenta llegó al Club Lemos uno de los futbolistas andaluces con más proyección. Ese fue Juan Antonio Díaz Lora, que estuvo tres temporadas, contribuyendo al ascenso del equipo a Tercera División y la consecución de dos permanencias.

Lora se formó en las categorías inferiores del Real Betis, y su primera experiencia como sénior la tuvo en el Cañamera, conjunto andaluz de Tercera División. Pero tuvo que dejarlo a mitad de temporada, porque Renfe lo destinó a Ourense, donde trabajó como electricista. Precisamente, comenzó a jugar en el equipo de Renfe, con el que consiguió dos campeonatos. Y fue en el tercero que disputó cuando despertó el interés del Atlético Ourense, que lo fichó. «Estábamos jugando el torneo del seminario, me vieron y me ficharon», señala Lora.

Al acabar la temporada se fue al servicio militar. Lo destinaron a África, y ahí fichó por el Sporting Ifni. «Fue una experiencia bonita, porque nos proclamamos campeones de África. Recuerdo que en el cuartel coincidí con Benito, exfutbolista del Real Madrid», dice.

Acabó la mili y regresó a Ourense, pero su destino estaba escrito: iba a fichar por el Lemos. «Acepté la oferta que me trasladaron el entonces presidente, César Mendoza, y Arturo Buján, porque yo quería dejar el Atlético Ourense por un problema que había tenido con el entrenador, Soria. El Lemos era un histórico de Galicia y a cualquier futbolista jugar ahí le daba prestigio», indica.

Jugar en Monforte suponía un importante esfuerzo para un deportista, al que los medios definían en aquella época como «un futbolista vocacional». «Me levantaba a las seis y media de la mañana, trabajaba de siete a tres de la tarde, y a las cinco menos cuarto cogía el tren para Monforte. Entrenaba, y a las nueve menos cuarto volvía en tren para Ourense. Me acostaba a las once, y al día siguiente vuelta a empezar», recuerda Lora.

Un ídolo para la afición

El sevillano fue un auténtico ídolo para la afición monfortina. «La llevo en mi corazón, porque era extraordinaria. Recuerdo en un partido en el que se me puso la piel de gallina, porque para animar decían ‘Lora, Lora, Lora’. Eso jamás lo olvidaré», añade el sevillano.

La primera temporada de Lora en el Lemos fue espectacular. «Ese año fue lo máximo, porque ascendimos, y lo hicimos en el último partido ante el Estradense. Ganamos 0-2, yo marqué el primer gol y Martín el segundo. Devolvimos al Lemos a Tercera», afirma el jugador.

En la segunda temporada en el equipo monfortino se casó. «Después de casado vine un poquitín bajo, y recuerdo que el periodista Manolo Martínez decía en la radio ‘Espero que la baja forma de Lora sea pequeña’», comenta esbozando una sonrisa.

Pontoni fue el entrenador que más influyó en Lora como futbolista. «Me marcó mucho», dice. La segunda temporada en el Lemos disputó la promoción. «Nos tocó el Entrego de Asturias. Allí empatamos a ceros y en Monforte les ganamos 4-0, y recuerdo que Villa, que vino de Valladolid, me decía ‘Lora, no corras más que ya ganamos 4-0’», señala.

Una temporada que no olvidará nunca será en la que jugaron la permanencia ante un Mérida que optaba al ascenso. «Ellos tenían jugadores veteranos de Primera, que eran muy marrulleros. Aquí quedamos 2-0. Teníamos que jugar la vuelta en Mérida, y nos pusieron el partido un 18 de junio a las cuatro de la tarde, con un calor sofocante. Ganamos 1-2 y yo marqué el primero, y cuando lo estaba celebrando, Quintanilla, futbolista del Mérida me metió el dedo en un ojo», recuerda.

El regreso fue apoteósico. Cientos de aficionados esperaban al Lemos en Quiroga, haciendo sonar sus claxons. «Inolvidable. Vinieron en caravana hasta Monforte. Fue un recibimiento de aúpa», indica.

Su compromiso era total. Y así lo demuestran varias acciones, que le sirvieron para meterse en el bolsillo a una afición entregada. «Estando en Regional sufrí un esguince de tobillo, por lo que no podía jugar el siguiente partido. Pero fui igual a Monforte para arropar a mis compañeros. Acabó el primer tiempo 0-0, y mi sorpresa es que me viene a buscar el doctor Raíces y me dijo que saldría en la segunda mitad. Pero yo le dije que no podía apoyar el pie, pero me inyectó en el tobillo, salí, jugué y ganamos 4-0», recuerda.

Una de sus lesiones más graves la sufrió en un partido contra la Ponferradina. «En un córner salté mucho, un rival me dio un cabezazo y caí a plomo, quedando sin sentido. Rompí los huesos de la cara, y el doctor Raíces en vez de llevarme da la clínica para operarme rápido esperó a que acabara el partido», asegura.

Regreso a Andalucía

Al acabar su tercer año en Monforte emprendió viaje de regreso a casa. Se fue destinado a Granada. Fichó por el Baza, equipo de la Tercera andaluza. Y en un amistoso contra el Granada -entonces jugaba en Primera-, cautivó al técnico, Joseíto, que le dijo en el autobús de vuelta «si a usted le parece se viene al Recreativo de Granada». Y allí se fue. Este equipo era filial del Granada. De hecho, Lora disputó partidos de la copa andaluza con el cuadro granadino. Se retiró con 30 años. «Colgué las botas, porque me pasaron a interventor, y en este puesto resultaba complicado compaginar trabajo y fútbol. Aunque seguí jugando en torneos de peñas», afirma.

Lora era un centrocampista muy técnico y encargado de organizar el juego. Tenía una clara vocación ofensiva y también destacaba por el salto de cabeza y por su olfato goleador. Bien secundado por Robles y Amado, que le guardaban las espaldas, destacaba en todos los partidos.

El sevillano regresa cada año a Monforte para participar en la cena de exfutbolistas del Lemos. Con los que más contacto mantiene es con Pallín, Mosquito, Lillo, Caíto y Torres. «Este verano espero estar de nuevo en Monforte», concluye.

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