Amigos y clientes: este año no hay vino

José María Prieto perdió la cosecha de once hectáreas de viñedo y prefiere no embotellar a recurrir a otra uva


MONFORTE / LA VOZ

La cosecha de este año tuvo por momentos tintes casi apocalípticos en la Ribeira Sacra. El pedrisco que arrasó la ribera de Amandi en julio fue solo el aperitivo. En las semanas posteriores, la frenética actividad del hongo causante del mildiu comenzaba a arruinar racimos. Pero la vendimia pasó y todo eso es historia, porque quien más quien menos se las ha apañado para llenar los depósitos. La compra de uva a proveedores con mayor fortuna, en diferentes puntos de la denominación de origen, parece haber satisfecho a los que salieron peor parados. Más de uno tendrá que asumir que el vino pierda parte de su perfil habitual a cambio de poder atender los pedidos. José María Prieto, de Adega Régoa, por ahí no pasa.

El bodeguero de Amandi acaba de anunciar a amigos y clientes, a través de las redes sociales, que Régoa no embotellará el vino de la cosecha del 2018. Una decisión, explica Prieto, triste pero justificada. Los peritos de la compañía aseguradora valoraron la pérdida del cien por cien de la producción en sus once hectáreas de viñedo como consecuencia del pedrisco que descargó el viernes 13 de julio. «En solo unos minutos de intenso granizo, los incipientes racimos de nuestras cepas quedaron destrozados», dice en su cuenta de Facebook.

Se puede hacer un buen vino mezclando uvas procedentes de viñas de diferentes subzonas. Pero cuando una bodega trabaja desde sus inicios solo con producción propia, como sucede en Régoa, la decisión de buscar proveedores se complica. Más aún si -como también es el caso- apuesta por tintos de largo recorrido que deben medirse con la barrica en la elaboración.

En vista del estropicio, Régoa decidió hacer un estudio «de las diferentes variedades y calidades de uva disponibles en el mercado» con vistas a poder continuar con la producción en 2018. Tras valorar pros y contras, decidió que esa añada sea sabática enológicamente hablando. «Ante el riesgo de no poder mantener nuestros estándares de calidad, y perder la seña distintiva de Régoa, hemos decidido paralizar la producción de todos nuestros vinos de la añada del 2018», explica Prieto.

Un año normal... Las once hectáreas de viñedo de Régoa tienen cupo para producir 90.000 kilos de uva tinta, aunque la producción real suele rondar los 50.000 kilos
Un año normal... Las once hectáreas de viñedo de Régoa tienen cupo para producir 90.000 kilos de uva tinta, aunque la producción real suele rondar los 50.000 kilos
Un año normal... Las once hectáreas de viñedo de Régoa tienen cupo para producir 90.000 kilos de uva tinta, aunque la producción real suele rondar los 50.000 kilos
Un año normal... Las once hectáreas de viñedo de Régoa tienen cupo para producir 90.000 kilos de uva tinta, aunque la producción real suele rondar los 50.000 kilos

Las bodegas que trabajan con vinos de larga crianza afrontan en mejores condiciones, al menos en un primer momento, el impacto que supone perder una vendimia. Régoa sacará al mercado a comienzos del próximo año -tal y como estaba previsto- los vinos a la cosecha del 2016, una vez que han completado el período de maduración en barrica. Pero antes o después habrá que digerir las pérdidas de una campaña sin vino. La bodega prefiere asumirlas a utilizar uva que no le ofrece garantías para la elaboración «de vinos con muy largo recorrido, con color, buena acidez y carga frutal».

Las razones de la decisión

¿Y por qué no valen otras uvas? Prieto explica sus razones. La primera, que en sus once hectáreas de viñedo -en una misma pieza- no se realizan abonados para que la uva tenga bajos niveles de potasio y poder obtener vinos más estructurados, con más equilibrio y menos necesitados de correcciones enológicas. «Aunque por extensión del viñedo y número de cepas el consejo regulador nos autoriza hasta 90.000 kilos, limitamos la producción a 40.000 o 50.000 kilos». Los bajos rendimientos, detalla el bodeguero, permiten recoger uvas con maduración fenólica uniforme y mayor concentración de tanino, que fermentan con levaduras y bacterias autóctonas.

Hay una tercera razón para que Régoa no compre uva. Todos sus vinos de mencía llevan un pequeño porcentaje de brancellao y caíño, variedades que se cultivan en sus once hectáreas de viñedo pero que no son fáciles de encontrar en el mercado. Así las cosas, José María Prieto pasa página por adelantado al 2018. En Facebook, los seguidores de la bodega agradecen el gesto. «Habla muy bien de esta casa», se lee en un comentario.

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