Salcedo, el cortafuegos verde que pudo haber sido y no fue

La primera experiencia en Galicia surgió hace doce años en esta aldea de montaña


MONFORTE / LA VOZ

En Vigo buscan fórmulas para no quedar cercados de nuevo por los incendios. A comienzos de año, trascendió un proyecto «revolucionario» para la reforestación en los montes comunales del anillo urbano. Un cinturón verde de veinte kilómetros de perímetro plantado con frondosas como robles, castaños o cerezos, que sustituirían a pinos y eucaliptos y actuarían de barrera natural frente a las llamas. Pero no es la primera vez que se plantea en Galicia crear un cortafuegos verde. El precedente está en un pequeño pueblo de la montaña de A Pobra do Brollón, en la antesala de la sierra de O Courel.

Tras una oleada de incendios similar a la del pasado otoño, la aldea de Salcedo se decidió en el 2006 a solicitar de la Xunta de Galicia apoyo para la puesta en marcha de un cinturón verde. El gobierno bipartido acogió con entusiasmo el proyecto, con la esperanza de que pudiese servir de modelo para otros lugares. No solo concedió fondos para llevarlo a la práctica, sino que la propia Dirección Xeral de Montes se puso al timón para facilitar las gestiones.

«Propúxenlle facelo á comunidade de montes e aprobouse en asemblea. No servizo de Montes da Xunta viron a idea moi interesante e decidiron desenvolvela directamente a través da empresa pública Seaga», explica Felipe Castro, agente forestal nacido en Salcedo y artífice de un proyecto que finalmente solo se ejecutaría de forma muy parcial.

La memoria en la que figuraba la cartografía de las zonas donde se iba a actuar asignaba al proyecto el nombre cinturón verde. Los planos dibujaban un cortafuegos natural de cincuenta metros de ancho que protegería tanto las casas como las zonas de cultivo próximas. «A principal transformación consistía en substituír piñeiros e eucaliptos por outras especies que puidesen facer de barreira en caso de lume», explica Castro.

Los desbroces se realizaron sin obstáculos, pero el proyecto comenzó a ralentizarse cuando llegó la hora de recabar los permisos para las plantaciones de frondosas. «Fíxose o que se puído», dice el promotor del proyecto. Evita entrar en detalles sobre aquel fracaso, pero deja caer alguna pista: «O lume non é un problema só da administración, hai que convencer á sociedade de que ten que actuar».

Los mismos recelos surgen ahora en el proyecto que se baraja en Vigo

El proyecto del cinturón verde de Vigo se dio a conocer el pasado mes de enero. A las pocas semanas, salieron a relucir las primeras discrepancias entre quienes están llamados a llevarlo a la práctica. Por lo que parece, las comunidades de montes no acaban de ver del todo clara la rentabilidad del proyecto. Exactamente lo mismo que pasó con los vecinos de Salcedo en el 2006, cuando la administración se disponía a realizar las plantaciones del cortafuegos de frondosas.

Las exigencias de la Xunta sobre la limpieza de los terrenos próximos a núcleos habitados se dejan sentir este año en esta aldea, conocida por su carnaval tradicional. Pero expertos como Felipe Castro abogan por soluciones que vayan más allá de los desbroces puntuales. «As circunstancias que se deron o ano pasado poden volver repetirse. O caso de Chavaga está aí», señala este agente forestal.

La parroquia monfortina de Chavaga fue una de las afectadas por la oleada de incendios que se produjeron entre los días 15 y 17 de octubre del pasado año en toda Galicia. El fuego estuvo muy cerca de las casas y los vecinos tuvieron que ser desalojados de madrugada. Las plantaciones de pinos llegaban hasta entonces al pie de las viviendas. Las talas realizadas en los últimos meses despejaron el monte. Si en el futuro habrá o no un cortafuegos verde, es otra historia.

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