«Os mortos aparecían agarrados»

Rodrigo Fernández
roi fernández MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

ROI FERNÁNDEZ

Es uno de los tres graves accidentes ocurridos en el Sil en los doce años que van de 1965 y 1977

29 ene 2018 . Actualizado a las 23:04 h.

Los treinta kilómetros del río Sil entre A Rúa de Valdeorras hasta el puente de la carretera de Castro Caldelas a Monforte, fue en un período de solamente doce años el escenario común donde ocurrieron tres fatales y desgraciados accidentes de tráfico que se cobraron la vida de probablemente más de treinta personas. Del que se produjo en el municipio de Ribas de Sil y costó la vida a dieciséis personas se acaban de cumplir cincuenta años.

Ocurrió el 18 de agosto de 1967 y se sabe que fue a la una y diez de la tarde porque esa era la hora que marcaban los relojes de algunas de las víctimas. El camión que llevaba a comer a San Clodio a un grupo de obreros que trabajaba en la construcción de la presa de Sequeiros se caía al río a esa hora. Murieron ahogadas en el Sil dieciséis personas de las algo más de treinta que iban en el vehículo. Formaban parte de la plantilla de las empresas F. Cachafeiro, Manuel Rodríguez Vázquez y Constructora del Sil.

El trayecto no era muy largo. Solo alrededor de tres kilómetros desde las obras hasta San Clodio, la capitalidad municipal de Ribas de Sil. La carretera discurre entre la vía del tren y el río Sil y el chófer Manuel Corral, de 59 años, la conoce bien. El camión era un Barreiros 115, autorizado para el transporte de personas y los trabajadores se suben a la caja.

Así fue el accidente

Según la versión más fiable, a pocos metros del inicio del recorrido, la polvareda de un vehículo que va delante reduce la visibilidad al conductor del camión. Entre la vía y la carretera hay un poste de teléfono que es preciso sortear. Con el polvo, Manuel se lo encuentra repentinamente y trata de esquivarlo y reducir la velocidad. Pero los frenos no responden y el giro brusco a la derecha hace que la rueda delantera se aparte hacia un barranco, el único que hay en la zona, y el camión cae a una poza de unos cuatro metros de profundidad, también la única de ese tramo de río que al estar parada la central hace que apenas fluya agua, pues cuentan los testigos que unos metros más abajo del lugar del accidente el río se podía cruzar a pie y sin mojarse. El pánico se apodera de los ocupantes de la caja del Barreiros que de manera caótica tratan de salir del agua, muchos de los que sabían nadar se vieron presos de otros compañeros que se aferraban a ellos en algún vano intento de salir a la superficie.

Vecino por aquel entonces del lugar de A Trampa, en O Nocedo de Quiroga, a Antonio Quiroga Ferreiro le tocó ser testigo directo del accidente. Él era uno de los obreros que iban en la caja de aquel camión. Tenía 17 años y aún hoy recuerda perfectamente como el vehículo caía por el barranco después de sortear el poste de teléfonos, que como él puntualiza pudo ser movido más hacia la carretera por el otro que iba delante después de haberle dado con la visera de la cabina. Cuenta que el camión que los llevaba se encontró de repente el poste y se cayó de frente por el barranco sin dar vueltas.

Superviviente del desastre

Al caer al agua quedó ladeado y en ese momento él sufrió un golpe en la cabeza. Antonio Quiroga se recuerda a sí mismo angustiado por intentar escapar de una muerte segura y sin ver nada por el lodo que le cubría la cara. Otros ocupantes del camión lo sumergieron sin querer tres veces cuando intentaban salir ellos también del agua.

«Vía a luz do sol desde abaixo e intentaba subir, a última vez que saín xa saín con boa gana de respirar, e nese momento xusto vin como pasaba o tren correo. Os mortos aparecían despois agarrados uns a outros». Cuenta Antonio con pena su llegada a San Clodio, donde mucha gente, sobre todo mujeres, algunas embarazadas o con pequeños en brazos, le preguntaba por sus maridos que iban en el camión. Él no era capaz de responder, aunque sabía del fatal destino de algunos por los que le preguntaban. Antonio pasó tres días sin salir de casa después del suceso.

muertos

Empresa F. Cachafeiro

-Manuel González Rodríguez. 38 años, soltero, jefe de equipo. De Señorín, O Carballiño.