Sepulturas medievales en medio de un rompecabezas arqueológico

Francisco Albo
francisco albo MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

ROI FERNÁNDEZ

En el castro de Cereixa salen a la luz vestigios de épocas muy diferentes mezclados de una forma compleja

08 dic 2017 . Actualizado a las 20:36 h.

El regreso de las lluvias a Galicia coincidió ayer con la recuperación del esqueleto humano más antiguo encontrado hasta ahora en el territorio de la Ribeira Sacra. A lo largo de la mañana, un equipo dirigido por el bioarqueólogo Patxi Pérez Ramallo se encargó de limpiar y desenterrar los huesos en la necrópolis medieval del castro de San Lourenzo de Cereixa, en A Pobra do Brollón. En vista de su fragilidad se optó por retirar una parte de ellos en bloque, junto con la tierra en la que estaban depositados, para separarlos más adelante en el laboratorio. Durante las primeras horas no llovió, pero hacia la una de la tarde se hizo necesario proteger la excavación con un toldo de grandes dimensiones.

La operación se encuadra en la tercera campaña de excavaciones realizada en el castro de Cereixa, que terminará el próximo día 15 y que tiene una duración de dos meses. El enterramiento se encuentra en medio de un verdadero rompecabezas arqueológico que ha ido ganado complejidad durante las últimas semanas, a medida que iban saliendo a la luz nuevos elementos, pertenecientes a épocas muy diferentes. «Creo que nunca me encontrei cun xacemento tan complexo como este», apunta Xurxo Ayán, director técnico del proyecto.

Según explica el arqueólogo, en el lugar se han desenterrado por ahora una veintena de sepulturas de la Edad Media -aunque puede haber muchas más- situadas en torno a las ruinas de una construcción que según todos los indicios es la antigua iglesia parroquial de Cereixa. El edificio fue ampliado y reforzado en el siglo XVII. Las tumbas -de adultos y de niños- se hallan entre los vestigios de las construcciones y los empedrados de un castro de la época galaicorromana cuyos habitantes parecen haberse dedicado principalmente a la minería del hierro y la metalurgia, una actividad que dejó como huella numerosas escorias. En los últimos días se han encontrado además fragmentos de cerámica del tipo conocido como de dientes de lobo -propio del segundo milenio antes de Cristo- que sugieren que el castro ya estaba habitado en la época prerromana.