Adiós a los tres Escolapios

Los tres sacerdotes que quedan en el colegio del Cardenal se marcharán durante el verano


monforte

No ha sido posible. No se ha querido escuchar. La decisión venía ya de lejos. Indisimuladamente, pero estaba ya tomada desde hace tiempo. Ayer jueves el Padre Provincial de los Escolapios comunicó a los tres sacerdotes que hasta ahora constituían la presencia física, el testimonio de Calasanz, la identidad escolapia, que han de abandonar el colegio del Cardenal. Atrás quedan varias décadas, vivencias, hechos, sentimientos, que ya solo les pertenecerán a ellos y a quienes los conocieron y quisieron, quisimos.

La entrega y la ejemplaridad de estos tres hombres y otros muchos que antes como ellos formaron, educaron, soñaron, sonrieron y lloraron con miles de monfortinos. Son y han sido parte de nosotros. Son y han sido un pedazo de Monforte, el cual no podría entenderse como se entiende sin casi siglo y medio de presencia permanente y física de los Padres Escolapios. No se ha querido escuchar. No se ha tenido en cuenta el sentir mayoritario de casi 5.000 personas que han firmado, pedido, que se reflexionase sobre esta marcha. Sobre este «abandono» canónico, antesala misma de cierre. Cerrar es irreversible, abandonar lo será también, pero se gana un tiempo al que falta la voluntad en el fondo de permanecer, hacer. Se confunde la presencia testimonial y de un día desde A Coruña, con vivir las aulas, los pasillos, los alumnos, los profesores, los padres. Nada es igual, pero así se quiere, se prefiere. Se apuesta a que esta marcha sea un revulsivo. Pero para caminar hay que saber también hacia dónde se quiere ir en el momento actual.

Cuando hace unas semanas se llevaron a Madrid estas firmas y amablemente el Padre Provincial nos recibió hubo una pregunta que quedó sin respuesta, ¿por qué, por qué Monforte se cierra y no por ejemplo A Coruña? Las dos presencias en Galicia, si bien la última nació de Monforte tras 144 años ininterrumpidos de presencia escolapia. Hubo una respuesta lacónica, «las comunicaciones, A Coruña está mejor comunicada». Creemos sinceramente que es un gran error. No un estímulo, sino un error. Su marcha no hará reaccionar a nadie, al contrario. Pero las consecuencias vendrán a medio y largo plazo. Perdida la identidad, se pierden demasiadas cosas por el camino. No hay más ciego que el que ve y se empeña en no querer ver. Ni más sordo que el que no quiere escuchar a todos. Escuchar, escuchar, escuchar. Solo así es posible el discernimiento, el impulso. Calibrando la opinión de muchos, contrastando. No solo escuchando a dos. O a unos pocos. Se hace camino al andar, pero ese camino cuanto más multitudinario sea, mejor.

No podemos entrometernos en una decisión que no nos corresponde ni compete. En libertad de decisión y ejercicio la orden decide. Y a los demás no nos queda otra cosa que aceptarla. Es su libertad. La nuestra no puede cortocircuitar aquélla, la de otros. Tres escolapios tienen que hacer la maleta y decir adiós. Alguno con 44 años de presencia y una vitalidad que se reconducirá a un piso en una segunda planta de la calle Gaztambide de Madrid con enfermos y mayores. Otro irá para la comunidad de A Coruña, -por qué A Coruña y no mantener las dos comunidades-, y el tercero, para África. Guinea, que ni siquiera pertenece ya a la Provincia de Betania. Ninguno de los tres quería irse de Monforte. Con esta decisión, se cierra para siempre una puerta. Una entrega, un servicio, una ejemplaridad y una permanencia identitaria. Es más difícil hacer apostolado y misión aquí, en el cuarto mundo, en nuestra periferia ausente de valores que en África o en Asia. Hoy somos sociedades frágiles, rotas, desestructuradas y donde los valores familiares, cívicos y humanos se han relativizado.

Hace ahora una semana se llevaron a Roma, al Padre General Escolapio, las 5.000 firmas. Y muchos argumentos para que estos tres escolapios permanecieran y se fortaleciera esa comunidad con más escolapios, incluso temporalmente con preparación y estancia de novicios para acercarse al modelo calasancio de vida, identidad y comunidad educativa. El recibimiento del Padre General fue cálido, profundo, abierto y dialogante. Lo que suscitó unas mínimas esperanzas. No ha sido posible.

Ojalá que este abandono de la comunidad escolapia no traiga consecuencias para el colegio y tampoco a futuro para su continuidad como tal. Harían bien en preocuparse mucho de la calidad y la mejora del proyecto educativo. Más que en pensar en hacer aparcamientos e incluso hoteles en tan majestuoso edificio.

Esta experiencia también ha mostrado donde han estado unos y otros. También los silencios clamorosos. Algunos no se merecen a Monforte. Sinceramente, algunos no entienden el corazón, el sentimiento de Monforte y sus gentes. No lo merecen tampoco. Pero sí estos tres escolapios y un puñado de profesores que comprenden lo que significa identidad, ejemplo, rectitud, sacrificio, entrega, rigor, humildad y servicio. Otros prefirieron mirar hacia otro lado, o ponerse de perfil. La condición humana. A nadie se ha obligado a firmar. Pese a que algunos ridiculizaron o se rieron de las firmas. No así 5.000 monfortinos. 5.000 gracias. A lo mejor algún día en vez de un colegio tienen otro hotel, o las dos cosas, quién sabe. O un gran aparcamiento subterráneo.

Gracias, Padre Celso, Baquero y Pepe. Por vuestro ejemplo. Vuestro coraje, entrega y forma de ser.

El recibimiento del Padre General en Roma a las 5.000 firmas hizo albergar esperanzas

Las consecuencias de su marcha se verán a medio y largo plazo

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