Ribeira Sacra pide consejo al Douro

El sector vitícola pone sus miras en la región portuguesa para valorar los pros y contras de pasar a ser Bien Mundial


MONFORTE / la voz

Llega el momento de acondicionar una viña y arrecian los problemas. No sirve cualquier tipo de poste para guiar las cepas. Tampoco se pueden tocar los muros de piedra sin un informe previo de Patrimonio. Los trámites para instalar un elevador se eternizan y no hay visos de que se pueda reformar la pista de acceso. Por ahora es un escenario imaginario, pero podría darse en un futuro no muy lejano en la Ribeira Sacra. Alrededor de setecientas hectáreas de viñedo en bancales pasarán a ser Bien de Interés Cultural (BIC) para que la declaración de Patrimonio de la Humanidad salga adelante. Desde ese momento, tendrán el mismo nivel de protección que las iglesias románicas.

La impronta monástica y el singular paisaje vitícola son los ejes sobre los que gira la candidatura en ciernes. Para que la Ribeira Sacra pueda convertirse en Patrimonio de la Humanidad, el territorio incluido en la propuesta antes debe ser BIC. Las iglesias románicas y también las viñas que se desarrollaron con su llagada. Sin estar en contra de esa declaración, en el sector vitícola no tiran cohetes precisamente por la forma en la que se están llevando las cosas. La Xunta pondrá en marcha antes del verano el proceso para la declaración de BIC, pero a bodegueros y viticultores nadie les ha pedido hasta la fecha su parecer.

«Nin se nos pediu a nosa opinión nin nos explicaron as consecuencias prácticas desa declaración para o sector máis puxante neste territorio», dice el presidente de la denominación de origen, José Manuel Rodríguez. El anuncio de la Xunta preocupa en el sector, porque una cosa es proteger un monumento y otra el escenario donde se desenvuelve una actividad económica. Ante la falta de información, el consejo regulador ha decidido mover ficha. Se puso en contacto con Fernando Bianchi de Aguiar, uno de los impulsores de la declaración del Douro como Patrimonio de la Humanidad, para que ofrezca una charla en Monforte cuya fecha está todavía por concretar.

Bianchi de Aguiar es una figura de prestigio internacional que conoce muy bien las particularidades de la Ribeira Sacra. Fue vicepresidente de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), director del Instituto dos Vinhos do Douro e Porto, y secretario de Estado de Desarrollo Rural del Gobierno portugués. «Esto es verdaderamente impresionante, pero es la viticultura del Douro del siglo pasado», declaró a La Voz en su primera visita a la Ribeira Sacra, en mayo del 2003.

Pacto de silencio

En esa región de Portugal, la declaración de Patrimonio de la Humanidad en el 2001 fue compatible con la reconversión de las estructuras productivas, algo determinante para el futuro del cultivo del viñedo. Pero en Ribeira Sacra, de momento, impera el pacto de silencio sobre lo que traerá consigo esta candidatura.

Un modelo cercano por la configuración orográfica y el papel del vino

Monumentos y conjuntos históricos acaparan la relación de bienes españoles inscritos como Patrimonio Mundial. Ribeira Sacra no encaja en esos parámetros habituales, de ahí la complejidad que entraña la elaboración de su candidatura. Las dificultades comienzan a la hora de delimitar el espacio geográfico merecedor de esa distinción. Un territorio que sustenta una actividad económica que condiciona la aplicación de los criterios de otras propuestas. «Isto non é a Muralla de Lugo», advierte el presidente del consejo regulador. Puestos a buscar modelos, el precedente del Douro parece el más cercano en todos los aspectos.

La región portuguesa comparte con la Ribeira Sacra la configuración del viñedo en bancales. También allí el vino es el eje sobre el que gira la economía de un amplio territorio y el reclamo para el aprovechamiento de otros recursos turísticos. De ahí que se quiera recurrir a uno de los impulsores de la declaración del Douro como Patrimonio de la Humanidad para aclarar dudas. «O máis razoable é tomar exemplo do que está máis cerca de nós, sobre todo tendo en conta que lles foi razoablemente ben», dice José Manuel Rodríguez.

Pese a la trascendencia de la declaración de BIC para las zonas de viñedo incluidas en la candidatura, hasta la fecha no hubo contactos con los responsables de la denominación de origen para abordar esta cuestión. Solo se produjo una reunión extraoficial con el equipo que perfiló la anterior propuesta -luego paralizada por Patrimonio- para que O Bibei no quedase fuera de la candidatura.

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