Los viñedos ofrecen un festival de colores antes de la caída de la hoja que anuncia el descanso invernal
12 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El otoño tiene un especial atractivo en la Ribeira Sacra. Los vertiginosos paisajes de los cañones del Sil y el Miño ganan espectacularidad por la variedad de colores que ofrecen las vides en esta época del año. Diferentes tonalidades de verdes, rojos y amarillos que convierten los viñedos en efímeras pinturas. Una verdadera «fiesta cromática», como la define la arquitecta y paisajista Isabel Aguirre, cuyo valor suele apreciar más el visitante que los propios lugareños.
La actividad en las viñas no se acaba cuando quedan despojadas del fruto, al término de la vendimia. Con la llegada del frío, la cepa intuye que está cerca el parón invernal que le permitirá recuperar fuerzas para la próxima cosecha. Comienza así una carrera contra el reloj para almacenar la mayor cantidad de reservas. Los tonos del otoño son consecuencia de este último esfuerzo y también del descenso de la función clorofílica propio de esa etapa del año.
Ocultos por el verde
Amarillos y rojos están presentes el resto del año en las hojas de las vides, aunque ocultos por el verde que genera la fotosíntesis durante los meses del ciclo vegetativo con más horas de luz. Poco antes de su caída es cuando el follaje de las cepas ofrece un colorido más vistoso, que no siempre está relacionado con la calidad que se atribuye a cada una de las variedades. A la denostada tintorera, también llamada alicante, hay que agradecerle esos rojos intensos que hacen tan especial el paisaje del otoño en la Ribeira Sacra.