«Con herbicida en las viñas no hay terruños que valgan»

Luis Díaz
luis díaz MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Elaborador de referencia en el Priorat, Fredi Torres trabaja en Ribeira Sacra desde el 2013

30 oct 2015 . Actualizado a las 13:46 h.

Nacido en Suiza, hijo de padres gallegos, Fredi Torres dio rienda suelta por vez primera a sus inquietudes enológicas en las viñas del Valais. Tras trabajar con Sara Pérez y René Barbier en el Priorat, se instaló como bodeguero en esa zona emergente. Desde la cosecha del 2013, elabora vinos en Ribeira Sacra -al margen de la denominación de origen- dentro del proyecto Sílice Viticultores. Adepto de la biodinámica, defiende el conocimiento y cuidado del suelo como la clave de los grandes vinos. No cuestiona el trabajo que llevaron a cabo las grandes bodegas en los últimos años, pero considera que en Ribeira Sacra llegó el momento de una lectura «diferente y complementaria» del viñedo.

-Sílice abrió la vendimia este año el 28 de agosto, después de un verano especialmente seco. ¿Se imponían las prisas?

-La vendimia de Ribeira Sacra fue la primera de las cinco que hice este año en diferentes lugares de España. Empezamos en la finca de Lobeiras, con la mencía y el merenzao. Al principio tenía algunas dudas, pero cada vez estoy más convencido de haber acertado. La uva estaba muy bien. La viña de Lobeiras tiene suelos muy pobres. Si te descuidas, en años tan secos como este el estrés hídrico pueda acabar por afectar a la cepa.

-¿Es tan buena la añada del 2015 como dicen?

-Nosotros estamos muy ilusionados. La uva se recogió con una calidad muy alta. Los vinos tienen mucha complejidad en los aromas y un gran equilibrio.

-¿Mejora la viticultura en la Ribeira Sacra?

-Llevo catorce años en España. Mi impresión es que se dio un salto brutal en enología, pero en viticultura existe un retraso enorme si se toman como referencia otras zonas de Europa. No es solo cuestión de vender mejor. Frente a Francia no nos diferencia solo el márketing, como muchas veces se da a entender. Existe un retraso abismal en viticultura respecto a Francia, Suiza o Alemania. Ribeira Sacra no es una excepción.

-¿Es más marcada esa diferencia en esta zona?

-La inmensa mayoría de los pequeños viticultores de Ribeira Sacra trabajan en otras actividades. El viñedo es un añadido para su economía. Hay muy buenos viticultores entre la gente de mayor edad y los que le dedican más tiempo a la viña. Los que van solo el domingo no puedan detectar los problemas a tiempo. Así no funcionan las cosas.

-¿Hay que primar al viticultor más profesional?

-En el proyecto de Sílice Viticultores aplicamos una escala de precios por calidades. La condición para todos es que no queremos que utilicen herbicidas ni productos sistémicos. Con herbicidas no hay terruños que valgan. Tampoco en Ribeira Sacra. Eso es lo más básico de todo. El material vegetal transmite lo que la cepa tiene bajo sus raíces. Una mala viticultura lo puede distorsionar. No creo que esas viñas pintadas de azul por los tratamientos de cobre sean el camino.

-¿Se desaprovecha la singularidad del terruño?

-Mi sensación es que falta empatía con la tierra, analizar su interrelación con la planta. En Borgoña o Saint-Émilion se conoce el potencial de las viñas desde hace siglos. En Ribeira Sacra hay suelos buenos y menos buenos. No todo vale, no todo es igual. Una mencía sobre pizarra no puede ir sobre el mismo portainjertos que otra de arenas graníticas. Aquí nunca se atendió a esas diferencias. Si se acertó, fue de casualidad.