Bodas de plata de un amor con la arqueología de Terra Chá

La institución se marca nuevos objetivos de futuro tras haber crecido en piezas y espacio desde su inicio


vilalba / la voz

Conservar, documentar y difundir el patrimonio arqueológico, fundamentalmente el relacionado con un castro situado a varias decenas de metros, es el propósito con el que empezó su actividad el Museo de Viladonga. El mes de noviembre de 1986 marcó el comienzo de la actividad de la institución -abrió sus puertas el día 8, aunque la inauguración oficial tuvo lugar el día 29- y el inicio de una línea de trabajo que hoy se mantiene.

Algunas cifras explican el incremento experimentado desde entonces. Las 900 piezas que se exponían al principio han pasado a 1.100, y el fondo patrimonial, guardado en diversas dependencias para su estudio y catalogación, estaba formado en un primer momento por 60.000, cifra que hoy se ha incrementado a 80.000. Incluso el espacio ha experimentado una ampliación, pues al primer edificio, que tenía una superficie de 350 metros cuadrados, se le unió después otro con más capacidad (600 metros cuadrados).

Torques, cerámica castreña, herramientas o monedas -piezas que proceden de excavaciones realizadas en el castro- forman el material expuesto. En un primer momento, en las salas se expusieron materiales encontrados en excavaciones efectuadas cuando al lado del castro no se levantaba todavía un museo. «Son as pezas máis representativas dende o punto de vista arqueolóxico e histórico», dice el director, Felipe Arias.

Sin embargo, los 25 años transcurridos y los crecimientos experimentados no evitan la mención a necesidades pendientes. Ampliar la zona destinada a guardar material o crear un espacio de aparcamiento específico de autocares son, dice Arias, asuntos de futuro.

crónica el museo de viladonga cumple 25 años

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