La conclusión de la AG-64 permite llegar a Vilalba en media hora y a la ciudad amurallada en menos de una, y viajar hasta Madrid más rápido que por la AP-9
18 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Exactamente doce kilómetros más corta y once minutos más rápida que por la AP-9. Así es desde ayer la ruta entre Ferrol y Madrid, o entre la ciudad naval y Lugo. El enlace más próximo con la vía de alta capacidad que lleva al interior peninsular se encuentra en la localidad lucense de Baamonde (en Begonte), que actúa de enlace con la A-6. A ese punto neurálgico se llega desde ayer, en poco más de cuarenta minutos. A la ciudad de las murallas, no hace falta mucho más de cincuenta. Y Vilalba está ya más cerca que buena parte de la comarca: solo media hora. Con el último tramo ya en funcionamiento contraponemos, cronómetro en mano, las dos alternativas para llegar hasta Baamonde. El resultado del partido es claro: autovía Ferrol-Vilalba 3- AP-9 0. Los tantos los anotan la mayor velocidad, el recorte en distancias y tiempo pero sobre todo el gol de oro: el ahorro de peajes.
Encendido de motor en Catabois y no para de rugir hasta llegar a Baamonde: 74 kilómetros de viaje por vía de alta capacidad en menos de 41 minutos. Cincuenta y seis de ellos corresponden a la autovía pontesa, dejando atrás los tramos ya estrenados, que recorren cinco municipios de Ferrolterra -Ferrol, Narón, San Sadurniño, As Somozas y As Pontes- y otros dos ya en Lugo -Xermade y Vilalba-. Una veintena de camiones se cruzan en el camino, unos de ida y otros de vuelta, la mayoría con destino a la villa minera.
El nuevo tramo no es muy diferente a los demás: a las doce del mediodía, mientras las autoridades todavía compartían el aperitivo de celebración en una de las dos nuevas áreas de descanso, tímidos y sorprendidos conductores estrenaban los 13 kilómetros del trecho desde Cabreiros a Vilalba. No echaban de menos la secundaria LU-861, con su trazado sinuoso y sus limitaciones intermitentes de velocidad a 50 y 70 kilómetros por hora.
La capital de la Terra Cha se avista no muy lejos. Ya no será necesario pisarla. La autovía termina en las afueras, justo en el enlace con la Autovía del Cantábrico, que en el futuro permitirá la conexión con el norte de España y Francia, y todavía en obras hasta Barreiros. Hasta Baamonde quedan aún 18 kilómetros, que se recorren en un tris. Y fin del trayecto. El reloj se detiene y la cuenta se pone de nuevo a cero. La vuelta a casa, ahora por la opción sur. La A-6, principal vía de comunicación con la Meseta, presenta un aspecto muy diferente: más tráfico, muchos más camiones -superan literalmente el centenar- y una velocidad inferior. Dos tramos de obras aminoran temporalmente la velocidad, pero a los turismos les cuesta más imponer su ritmo frente al trasiego de vehículos articulados, camiones frigoríficos y transportes de automóviles.
Al llegar a Guísamo, la AP-9 da la bienvenida obligando a recoger un tique que deberá ser canjeado por setenta céntimos en el peaje, a menos de 3 kilómetros. Por los 38 que restan hasta Ferrol cada coche habrá de abonar otros 2,40 euros. Más, claro está, en el caso de los camiones. La meta llega a los 51 minutos de Begonte.
En tiempos de crisis, el balance está también en el bolsillo. Con un consumo medio de 7,4 litros cada 100 kilómetros, por la AG-64 el coste en gasolina ronda los seis euros. Por la AP-9, sube casi un euro más. En cualquier caso, lo importante es que ahora el conductor ya puede elegir.