Estamos en época de verbenas y, por tanto, de orquestas. Y muchos vecinos de Chantada no pueden evitar recordar por estas fechas que hubo un tiempo en que la capital del Asma presumía de tener una orquesta propia, allá por los años setenta. Eran nueve sus componentes, pero la mayoría ya fallecieron. Eliseo Vázquez Fernández, más conocido como O Corral -que era como se llamaba su casa- era uno de sus integrantes y recuerda estos días desde su casa de Chantada cómo vivieron con ilusión y mucho trabajo aquellos ocho años que duró la orquesta.
Eliseo aprendió solfeo con su hermano José -también componente de la orquesta- y se perfeccionó con Benxamín de Franza, en la parroquia de Veiga, que «tiña fama de ser bo músico». Allí aprendió a tocar el trombón y luego el bombardino en la banda militar, afición que después siguió en la banda de Chantada.
A comienzos de los años setenta tuvo la idea de crear una orquesta en la localidad, junto a otros músicos locales, y la bautizaron como Orquestra Chantadina, dirigida por José Aradas. Su historia comenzó un día de feria, cuando se presentaron en su bar unos ramistas de la parroquia de pantonesa de Santa Mariña de Eiré buscando músicos para la fiesta del quince. «Neses tempos desfixérase a banda de Chantada e non habían ningún conxunto musical, excepto Os Barrios, pero sabían de nós e, despois dun longo axuste no prezo da contrata, aceptamos ir alá», recuerda Eliseo. Este hombre evoca con satisfacción aquella fiesta en la que, además, los de Pombeiro quisieron contratarlos: «Eu pedinlles largo, dezasete mil pesetas, para que quedasen dúas mil para cada músico e outras mil para o coche», continúa. Pero el trámite iba lento y la competencia con los de Oleiros, en Carballedo, estaba en las bocas de los negociantes. Además, los músicos chantadinos tenían prisa porque había que seguir tocando en la fiesta en la que estaban, así que Eliseo sentenció «o que queira unha cousa boa ten que pagala». Inmediatamente, uno de ellos asintió y quedó el trato hecho para tocar en la fiesta de Pombeiro.
La fama se propagó luego por la zona de Nogueira de Ramuín y por todo Ourense, «cando xa gañabamos cinco mil pesetas cada un só pola mañá, e as fins de semana non se daba feito», continúa Eliseo. En Chantada, donde más actuaban contratados era «na pista da Penela, moito máis que no casino, onde iamos no Nadal e no Entroido».
Así transcurrió apenas una década de trabajo sin descanso, hasta que enfermó Belarmino, que era el acordeonista, una pieza fundamental en la orquesta. Luego, la capital del Asma volvió a quedarse sin música, hasta que a principios de los ochenta comenzaron a refundar la banda de Chantada. Pero esa ya es otra historia.