Chantada, hasta que la sidra aguante

LEMOS

Galicia es una potencia sidrera, pero todavía no nos hemos enterado. La sidra asturiana y vasca se fabrica sobre todo con manzanas gallegas. Pero un poco porque falta tradición y otro poco no se sabe por qué, el caso es que aquí apenas se fabrica. La excepción está en Chantada, el único municipio gallego en el que se elabora sidra de forma industrial. Por eso no es raro que sea también aquí donde se celebra la primera Festa da Sidra de toda Galicia. Ayer alcanzó su edición número tres. Chantadinos y visitantes se bebieron unos 15.000 litros servidos por escanciadores que hablaban en todos los idiomas de la cornisa cantábrica.

Astigarraga, Usurbil, Escalante, Gijón... De estos lugares y de otros también tradicionales del circuito sidrero del norte peninsular procedían las diecisiete bodegas que acudieron con puesto propio a Chantada. Estaba anunciada también la presencia de la empresa bretona La Maitre, elaboradora de una de las sidras más populares de Francia, pero problemas de última hora les impidieron llegar a tiempo. La caseta número diecinueve era la de Sidrería Galega, la filial de Hijos de Rivera que produce desde su fábrica de Chantada un millón de litros al año desde hace una década.

El recinto preparado en A Lama das Quendas abrió oficialmente a la una de la tarde, en presencia de autoridades como el alcalde, Manuel Anxo Taboada, el teniente de alcalde, Alfonso Piñeiro, y la secretaria xeral de Igualdade, Susana López. Durante la mañana, la presencia de público fue discreta. Como es habitual, aumentó por la tarde. A partir de las siete la bebida corrió en abundancia. En esta fiesta, basta con comprar el vaso oficial de la organización para beber todo lo que uno sea capaz de asimilar hasta que se acaben las existencias. Sara Iglesias, de la asociación chantadina de Amigos da Sidra, que participa en la organización junto con el Ayuntamiento y Sidrería Galega, cuenta que el primer año se quedaron sin botellas a las doce de la noche y el segundo a las diez. «Non sabemos canto vai durar desta vez», bromeaba por la mañana en el puesto de información, en el que se venden los vasos y camisetas estampadas con el cartel de la fiesta.