En otros tiempos, en más de una ocasión desayunó con un vaso de vinagre para no defraudar la hospitalidad ribereña
29 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Su puesto de trabajo cambió de nombre un montón de veces pero, en síntesis, José Mouriño Cuba siempre estuvo ligado al fomento de la industrialización y comercialización agraria en la consellería del ramo, que también cambió de nombre. Desde su puesto de funcionario en la Delegación de Agricultura y de Medio Rural de Lugo, participó activamente en la gestación de denominaciones de origen y de empresas familiares que con el tiempo se convirtieron en prósperas. En la labor pastoral previa a cualquier proyecto ya se había desbravado en la zona de O Ribeiro de Ourense, antes de ser destinado Lugo, pero aquí hizo apostolado en favor de la modernización agraria entre sus vecinos de San Simón da Costa (es de Xermade), y predicó la palabra de Baco por las laderas del Sil y del Miño, convenciendo a los ribereños de las bondades futuras de no beber ni dar a beber su vino a granel y venderlo embotellado y con el precio multiplicado por diez.
«Por enriba de todo procurei promocionar sempre a industria, porque promovendo iso ponse toda a maquinaria a funcionar», dice Mouriño, que aclara que en el paquete va la recuperación de productos que desaparecían, fomentar la instalación de industrias para transformarlos o creación de otros nuevos. Las grandes industrias no suelen necesitar de su asesoramiento, porque quienes tienen mucho dinero también tienen claro de antemano qué pretenden hacer, sin embargo, la labor de este funcionario se desarrolló y desarrolla entre agricultores, ganaderos y demás productores de algo mal aprovechado o que puede dar mucho mas de sí, como eran los vinos de hace dos décadas o los quesos antes de las denominaciones de origen.
«Os dos queixos e do viño son os proxectos cos que se me identifica máis, aínda que aquí atendemos moitas máis cousas practicamente en todos os sectores, e dificilmente haxa algo relacionado co sector agroalimentario no que non tivésemos actuado algunha vez». Pero las niñas de sus ojos fueron la Ribeira Sacra y los quesos, y dentro de estos últimos, los de la parroquia vilalbesa de San Simón. «Esta denominación foi a que requeriu máis a nosa participación, porque para a de Arzúa Ulloa o sistema de elaboración practicamente non se tivo que modificar, e no Cebreiro tampouco, pero en San Simón houbo que partir pouco menos que de cero porque co sistema tradicional non se podería facer máis dun queixo ou dous por día», explica este técnico de Medio Rural.
Mouriño no reniega, y además le gusta el sitio en el que nació, pero es un enamorado de los paisajes y de la forma de vida de las zonas de viñedos. «A min o proceso industrial sempre me chamou, porque me parecía outro mundo, e dentro da agricultura, o viñedo». Opina que de entre la población del interior de Galicia los habitantes de las zonas de vino no son mejores ni peores, pero sí más abiertos. «A cultura do viño marca; crea unha dinámica social e houbo sempre máis movemento de xente nesas zonas, co que houbo máis relación con outros modos de vida».
A comienzos de los 80 hizo un registro oficioso vitivinícola en Ourense antes de que existiese el oficial. Para ello recorrió la práctica totalidad de las bodegas familiares, constantando ese carácter abierto porque todo el mundo le abría las puertas. Claro que la contrapartida era que no podía rechazar probar el vino que le brindaban, que con frecuencia estaba más próximo a un intenso vinagre.
Extravertido y poco dado a las timideces, a José Mouriño le dicen muchas veces que no parece gallego. «Os que somos galegos somos todos expertos na filosofía da retranca» matiza quien está convencido de que esa actitud es el resultado de la reflexión y una forma de decir las cosas pensándolas antes.
Le gustan la filosofía y el derecho, que pretendía estudiar marchándose a Santiago una temporada ya como profesional. Pero como había publicado unos artículos relacionados con la biología, se matriculó en esa facultad. Por decisión de su padre es de la primera promoción de la antigua Escuela de Peritos Agrícolas de Lugo. Hoy está satisfecho con su profesión y no añora las que tenía de referencia cuando finalizó el Bachillerato y muchos años después. «A min o que me gusta é traballar, porque a parte máis lúdica da miña vida xa a satisfago eu como me da a gana, e nese tempo podo ler e practicar a filosofía». Su lema es «non ser, senón intentar facer», algo que procuró poner en práctica siempre en los lugares en los que estuvo.
El pasado martes cumplió 60 años y, a diferencia de las dos anteriores, que ni se inmutó, asegura que está llevando bastante mal el cambio de década.