Las anguilas: una escurridiza pesca

Benigno Lázare

LEMOS

Una asociación que acaba de cumplir diez años consiguió restaurar 33 caneiros en el Miño y recuperar la tradición de una pesca erradicada por los embalses

02 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace un par de décadas, la pesca de las anguilas y su presencia en la parte alta del río Miño estaba abocada a la desaparición, culminando un proceso que se inició con la construcción de los cinco embalses que para este escurridizo pez representan otras tantas murallas infranqueables. Desde 1970 ya no pueden pasar de Frieira, todavía en la provincia de Pontevedra, pero a Portomarín ya no llegaban desde mediados del siglo pasado, cuando fue construido el embalse de Belesar.

Esta macropresa inundó el antiguo núcleo de Portomarín, pero también todo tipo de presas, molinos y caneiros para la pesca de la anguila, que durante los años duros de la posguerra evitaron que el hambre se cebase en la mayoría de las casas ribereñas. Todavía con el embalse finalizado se mantuvo una población estable de anguilas durante algunos años, pero hace 15 ya habían desaparecido casi todas porque se les cortó itinerario migratorio vital. Por otra parte, los caneiros estaban deteriorados y cuando el nivel del embalse los dejaba al descubierto, nadie los reparaba.

Fue entonces cuando surgió la asociación O Carrual, que este año cumple su primera década de existencia, integrada por antiguos propietarios que no se resignaban a la pérdida de una antigua tradición y de un importante patrimonio etnográfico. Está presidida por Manuel López Ares, un vecino de Francos (Guntín), que desde niño practica la pesca de la anguila en las difíciles noches de crecida. Están asociados los propietarios de 33 caneiros de Portomarín, Guntín, Paradela y O Páramo, entre los que está el anterior alcalde portomarinense, Eloy Rodríguez, que desde la entidad municipal colaboró en un importante y complicado trabajo para solventar la burocracia, que era una muralla poco menor que los embalses para las anguilas.

Además de los correspondientes permisos de la empresa que explota el salto y de la Confederación Hidrográfica, la asociación llegó a un acuerdo con Medio Ambiente, que se encarga de transportar en camiones cisterna desde el desagüe de Frieira varios miles de alevines al embalse de Belesar y a otros en los que también era tradicional la pesca de la anguila.

La asociación restauró los caneiros y lleva el control de unas rígidas y restrictivas normas de pesca de un pez que no se puede vender. La temporada abarca del 15 de septiembre al 15 de enero, pero con frecuencia parte del tiempo el embalse está alto y cubre los caneiros. Cuando permanece bajo también son más escasas las crecidas, imprescindibles para la pesca.

Al principio cada socio tenía que entregar a la Xunta siete kilos de anguilas para la reproducción; después eran cinco anguilas de un kilo y ahora son cinco piezas de unos 250 gramos, que están en la mejor fase reproductiva.