Preferir mal pleito a buen acuerdo

Lucía Rey Insua

LEMOS

Los juzgados de la provincia registran cada año más de 180 litigios relacionados con herencias; la complejidad de las «partillas» hace que muchos se dilaten en el tiempo

03 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Dice el refranero que «vale máis un mal acordo cá un bo preito». Pero la realidad demuestra que con frecuencia se hace oídos sordos a la experiencia popular que refleja que en cualquier litigio es mejor llegar a un acuerdo pactado, aunque sea poco ventajoso, que iniciar un proceso judicial, especialmente cuando se trata de herencias. De ello dan fe las más de ciento ochenta testamentarías -define la Real Academia Española, «juicio para inventariar, conservar, liquidar y partir la herencia del testador»- que, con excepciones, se anquilosan en los diecinueve juzgados de la provincia. «As divisións de herencias poden permanecer vivas moitos anos, é un tema moi complexo», resaltó la secretaria del Juzgado de primera instancia número 2 de Vilalba, Ángeles López Carballo.

En el enrevesado mundo de las partillas (partijas) y testamentos entran en juego notarios, abogados, partes, peritos, contadores-partidores y, cuando éstos no bastan para lograr un pacto, los jueces. Aunque las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial no tienen ese grado de detalle, fuentes consultadas en distintos tribunales lucenses indicaron que un gran número de procesos se enquistan cuando el testador nombra herederos universales a partes iguales pero deja sin distribuir los bienes.

«Cuando llegan al extremo de llevar la herencia al juzgado es porque hay muchos intereses [...] Es más complicado el reparto de fincas y de tierras. A veces se paran en el valor de una finca perdida que no vale nada», señaló una funcionaria de un juzgado mariñano. Y añadió: «Los problemas surgen de la interpretación del testamento más que del reparto en sí. Una parte dice que cuidó más al testador, la otra que tiene tres hijos y le corresponde más y se pierden en la discusión...».