Era muy difícil...

Luís Ventoso

LEMOS

El martes una joven madre de Pontevedra tiene un «momento McCann», deja a sus hijos (de ocho meses y tres años) encerrados en su monovolumen y sube a su casa un instante a preparar un biberón. Según ella, el instante duró sólo 6 minutos. Según la policía municipal tardó 15. El resultado es que cuando bajó el coche había volado. Se lo había levantado la grúa por estar mal aparcado. Pero hubo un levísimo despiste: las fuerzas del orden se llevaron dentro a sus dos críos. Y no se percataron hasta que a instancias de la madre, desesperada, la Policía Nacional les dio un telefonazo cuando ya habían arrumbado el coche en el depósito.

Los municipales explican que «la actuación fue correcta», porque «retiramos un coche mal aparcado». Incluso acusan a la madre de un supuesto delito de «abandono temporal». Como es lógico, el Ayuntamiento no ve motivos para sancionar a los operarios que se llevan coches con gente dentro. La madre también ha denunciado lo ocurrido.

¿Quién tiene razón? Veamos:

-El coche, un Volkswagen Touran, mide 1,6 metros de altura. Si los cristales tienen 60 centímetros de alto, las ventanas estarían a un metro del suelo. Y si la grúa municipal de Pontevedra cuenta con empleados de menos de un metro de talla, existen serias posibilidades de que no pudiesen ver a los niños en el interior.

-Más hipótesis para justificar el pequeño lapsus: los monovolúmenes son muy espaciosos. ¿No estarían los revoltosos picariños escondidos en la guantera, impidiendo así que los diligentes gruistas se percataran de que había vida humana dentro?

-Y luego está la meteorología. El sol pegó mucho este mes en las Rías Baixas. ¿Podían ver bien los gruistas el interior del coche con tanta luz cegadora? Difícil. Y te arriesgas a pillar unas cataratas por el sobreesfuerzo.

Un caso claro. Es razonable que el alcalde calle y no expediente a los empleados que retiran bebés de los arcenes. Hay que recaudar. Caiga quien caiga.