Carpintero rural y palaciego

Xavier Lombardero REDACCIÓN

LEMOS

Crónica | Un artesano en el 11-S Javier Fernández tuvo dificultades para entrar con su cepillo en Nueva York. Allí vivió en directo el ataque a las torres gemelas. Cogió miedo y se vino. «Non a tiña alí», dice.

11 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Suele hacer demostraciones por Galicia como artesano de sellas y otras piezas en madera. Enamorado del tradicional balde, por lo que tiene de tecnología, arte y símbolo etnográfico, al que decidió tributar buena parte de su trabajo, ha vivido curiosas anécdotas. La que le llevó hace años a trabajar en la carpintería de un lujoso palacio de Nueva York, quizás sea una de las más jugosas. «Buscaban un artesán para as portas e ventás do palacio da muller dun alto cargo da ONU, un matrimonio británico de orixe india, xa xubilado, que agora se dedica a expandir un novo método yoga por todo o mundo, e deron comigo. Alí me fun co meu cepillo, guillame, ixola e outras ferramentas tradicionais». Cuando el arquitecto del edificio, un alemán llamado Lothar, lo recibió en el aeropuerto neoyorquino, cargado con su viejo maletín y ningún lujo en el atuendo (Javier vive en Nogueira, un lugar apartado de Ponteareas), debió de cuestionar la aportación española al selecto grupo de artesanos llegados de distintas partes del mundo para los detalles en su lujosa obra. Lo reconoce el propio selleiro de Ponteareas, que ya tuvo problemas en la aduana neoyorquina para introducir su instrumental, y que fue blanco de hilaridad cuando el jefe de taller, australiano, mostró al grupo modernas máquinas de trabajo, algunas manejadas por ordenador. «Como non falaba inglés, xa percibín que se arrepentiran definitivamente de chamarme -explica-, pero asignáronme unha potente lixadora para acabar as 140 portas e ventás da obra». El artilugio era tan potente que quemaba la madera en cada pasada, y pronto recibió la primera bronca. Al día siguiente decidió acudir con su clásico cepillo y a un primer comentario irónico sobre el método Made in África del artesano gallego, pronto le siguieron otros del estilo Ok, Spain. Aquel sencillo pero eficaz trabajo se tornó en espectáculo para el resto de colegas de palacio, según Javier. Trabajaban en un gran taller muy cerca de las Torres Gemelas y coincidió que aquel fatídico 11-S del macabro atentado en Nueva York, Javier estaba de descanso y no pasó de madrugada ante las torres como tenía por costumbre. «Collín medo e, para saír daquela cidade aturdida, metinme no primeiro avión que puiden cara a Tenerife; tempo despois localizáronme alí e trataron de convencerme para rematar obra, aceptaron as miñas condicións e incluso me deixaban levar á muller, pero ao final decidimos virnos para Galicia, pois é no Condado onde atopo a tranquilidade e conecto coa esencia do meu traballo», explica Fernández.