En directo | La fauna de la montaña Nueva suelta de estos animales al norte de O Courel. En la zona elegida para reintroducirlos han sido instaladas madrigueras prefabricadas, inmunes a los depredadores
23 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Otros 120 conejos fueron liberados la semana pasada en la alzada de Vilanova do Pedregal, en el sur de Os Ancares, dentro del proyecto de recuperación de esta especie extinguida en esta zona de montaña y que financia la Consellería de Medio Ambiente. El objetivo de esta segunda suelta es que estos conejos conecten con los introducidos en septiembre en la localidad próxima de Noceda, para «crear una población continua de un tamaño viable capaz de superar las fluctuaciones producidas por los predadores, las enfermedades y el frío», según Jorge Layna y Fernando Aparicio, de la empresa Consultores en Iniciativas Ambientales. Los conejos de monte pertenecen a la subespecie que habitó en Os Ancares hasta que se extinguieron por la mixomatosis a finales de los años setenta. «Además de recuperarse una especie que es propia de la zona, la presencia del conejo es positiva para la perdiz, porque desvían hacia ellos la acción de los predadores», explicaron Layna y Aparicio, que afirmaron que se trata de «una experiencia pionera, en una zona de montaña de clima diferente a las de los lugares donde se realizan habitualmente las repoblaciones». Los técnicos consideran que los conejos soltados en septiembre se han adaptado, tras comprobar que todos los vivares están ocupados y que existen indicios de reproducciones. Sin embargo, este momento del año coincide con el mínimo poblacional tras las mortandades del invierno y se espera que esta nueva suelta, realizada cuando comienzan las estaciones de mejores condiciones reproductoras, produzca «un considerable aumento poblacional que alcanzará su pico a finales del verano», según Layna y Aparicio. Cada hembra puede parir hasta 25 gazapos al año. El proyecto incluye la construcción de 15 madrigueras de cemento, que finalmente quedan subterráneas e integradas en el paisaje, y que son específicas del método de repoblación que se está utilizando en la reserva. «Los vivares de tubos de hormigón imitan en su estructura y tamaño a los naturales, pero son indestructibles e inexpugnables a los predadores, y además permiten a los conejos ampliarlos con galerías», dicen Layna y Aparicio. Según los técnicos, en estos vivares artificiales «pueden vivir con seguridad un número muy reducido de conejos», lo que no sucede en los naturales, «que pierden su estructura ante catástrofes poblacionales».