El vino viejo busca salida

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

Crónica | Las muestras vinícolas frente a los remanentes La mitad de las bodegas comercializaron excedentes del 2005 en la feria de Chantada. En Amandi sólo se venderá la última añada, pese a las quejas de algunos participantes

30 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El vino de Ribeira Sacra no fue tan joven como cabría esperar en la feria de Chantada, donde al menos la mitad de los bodegueros comercializaron excedentes de la cosecha del 2005. Eso en el mejor de los casos: en los puestos del pulpo muchos tintos lucían la contraetiqueta del 2004. En Sober, según acordaron los participantes, los vinos que se pongan a la venta este fin de semana deberán ser obligatoriamente de la última cosecha. La alcaldesa, responsable última de la organización, dice que para ella esta exigencia resulta incuestionable. «La posibilidad de traer a la feria vinos de añadas anteriores se votó hace un año y salió por mayoría que no. Sé que me pueden criticar, pero yo me negaría a hacer una feria promocional en Sober con vino viejo. Para los excedentes, puede haber otras vías», explica Raquel Arias. Las voces favorables a la venta de otras añadas en la feria de Amandi -prosigue la alcaldesa- «me parecen minoritarias, quizás porque la mayoría de las bodegas no tienen excedentes». De las dieciséis bodegas que participaron en la feria de Chantada, sólo siete habían solicitado en aquel momento contraetiquetas del consejo regulador para embotellar el vino de la última cosecha. Estaban en condiciones de ofrecer tintos del 2006 en el recinto ferial As Oubenzas, Ponte Mourulle, Oscar Figueiras, Amelia Ledo, Jesús Mariño y Otero Castro. Primitivo Lareu y Esther Teijeiro también disponían entonces del sello del consejo regulador para vinos del 2006, aunque sólo en partidas de godello. Los partidarios de ofrecer vinos de cosechas anteriores en la feria Chantada manejan una doble argumentación: que es la primera que se celebra en la zona y que en esas fechas el vino viejo puede estar más hecho que el nuevo. Los problemas surgen, sin embargo, cuando el cliente comprueba que no todos los vinos -que en el ferial se venden indistintamente al precio de seis euros botella- resisten por igual el paso del tiempo. Con buen pie «Personalmente, son partidario de que se venda viño novo. É certo que a nosa feira é a primeira en celebrarse e que os viños aínda non están de todo feitos , pero penso que hai que empezar con bó pé, e para poder facelo nada mellor que un produto novedoso», opina Javier Rodríguez Medela, que estuvo al frente de la organización del certamen en doce ocasiones. Desde su punto de vista, también sería conveniente recuperar la cata concurso -suprimida en las últimas ediciones- «como un estímulo máis para o público e para os propios participantes». Por el contrario, desde la organización de la feria de Chantada, Camilo Rodríguez, apela a la madurez del sector a la hora de tomar decisiones: «Cada adega leva á feira o mellor viño que ten, o que considera que está mellor, sempre cun distintivo de calidade». El presidente del consejo regulador, José Manuel Rodríguez, advierte que son los organizadores de las ferias, y no la denominación de origen, los que establecen en cada caso las reglas que deben acatar los participantes. No obstante, su experiencia como bodeguero en la mayoría de las ediciones de la feria de Amandi le lleva a inclinarse por la venta de vinos de la última cosecha en este tipo de eventos. «É certo que hai algúns viños vellos que van estar mellor que os dese ano, pero as feiras son -ou deberían selo- a carta de presentación da última vendima. E se hai excedentes, hai outras fórmulas para darlles saída», argumenta. La feria del vino de Pantón, que junto a Chantada y Sober exige a los participantes que comercialicen marcas con el sello de Ribeira Sacra, aplica el sistema de Amandi, aunque tiene la ventaja de celebrarse a comienzos de junio, con los vinos más maduros. «Viño vello nunca se levou e incluso algún ano houbo quen non foi por non ter o novo embotellado», señala Maximino López, de la bodega Terras Mouras, una de las asiduas en esta muestra.