TRIBUNA | O |
24 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.A MEDIDA que la apuesta tardía del portavoz de los concejales no adscritos en la corporación de Monforte por la moción de censura se diluye como un azucarillo, es patente la situación de sufridores de este pueblo. Piensa el concejal que es suficiente que el secretario de Organización del PSOE, que un día también se manifestó en defensa del ferrocarril, haga discursos a favor de la A-76 y enfríe así los ánimos de empresarios y sindicalistas. El pueblo, siempre el pueblo, el comodín del político y sindicalista para hacer la revolución cortando carreteras y vías del ferrocarril si una autovía no pasa por aquí; pero cuidadito con lo que hacéis, dice el mandamás socialista del pueblo. Olvidémonos de aquellas manifestaciones con tribunas improvisadas para el poeta y presentador de la televisión local, porque el cabeza de cartel de los socialistas de Monforte ya da el ferrocarril por perdido. Olvidémonos de los sindicalistas liberados que estaban mudos en el comité de empresa de Renfe. Olvidémonos de un modelo de transporte sostenible. Olvidémonos de todo eso, porque ahora debemos creer en lo que ellos deciden que debemos creer. ¿Por qué tengo tantas dudas en esta nueva fe? Porque estoy cansado de ver a políticos que repudian sus pactos entre organizaciones cuando se acerca la cita de los ciudadanos en las urnas. De que nos vendan derechos como favores que debemos pagar con el voto. Del sí pero no. Del ahora voy de oyente, de empresario o de oposición. De que la frecuencia y sonoridad de sus gritos en las manifestaciones dependan de su militancia en el partido gobernante. ¡Pónganse de verdad a trabajar, hombre, y dígannos algo nuevo! Al final, el único lenguaje que entienden unos y otros es el de mi voto en las urnas.