Un paseo por las aldeas del abandono

C. Rueda | C. Cortés MONFORTE

LEMOS

CARLOS RUEDA

Una ruta enlaza en Brollón cinco pueblos vacíos o a punto de quedarse sin habitantes Ríos con presas y molinos y bosques de árboles autóctonos jalonan el recorrido

13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Teixeira, O Busto, Lebrón, Pradelas y Penadexo. Hace sólo unas décadas estas cinco aldeas de A Pobra do Brollón estaban llenas de vida. Hoy languidecen después de años de emigración en medio de uno de los parajes más agrestes del sur de Lugo. Una ruta permite conocer esta parte de la montaña de Brollón, en la que el declive demográfico está reduciendo a ruinas de piedra, barrio y madera las casas que han ido quedando vacías. A pesar de este triste panorama, lo cierto es que todavía se conservan una buena parte de los caminos tradicionales. Las nuevas pistas forestales permiten además una mejor comunicación entre estas aldeas. Esta ruta parte de la capitalidad municipal de A Pobra do Brollón, donde hay que tomar la carretera que conduce a Saa y A Veneira de Roques. En el kilómetro cuatro hay un desvío a la derecha para Lebrón, que está a un kilómetro de este último punto. Esta aldea y su entorno merecen una visita relajada. A pocos metros de sus casas hay una pequeña devesa en la que es posible admirar una amplia variedad de árboles autóctonos. Por la parte inferior de la aldea pasa el arroyo de Covadelas. En su cauce se conservan presas que forman bellos rápidos y cuya función era canalizar el agua para regar los prados. Este pequeño río también alimentó dos molinos harineros. Uno de ellos todavía muele para consumo de los animales. En otros tiempos, este molino también hacía las funciones de central eléctrica y proporcionaba corriente a las dos únicas casas de la aldea. La fiesta de San Vitoiro De vuelta a la carretera principal, es preciso continuar durante un kilómetro y desviarse a la derecha en dirección a San Vitoiro y Teixeira. Dos kilómetros más por una pista de tierra y la ruta llega a la ermita de San Vitoiro, patrón de las aldeas de Pradelas, O Busto, Covadelas, Teixeira, Lebrón y Forgas. Aquí está el precioso paraje en el que cada 27 de agosto se celebra una popular romería a orillas del río a la que acuden multitud de personas procedentes de diferentes parroquias. El día de la fiesta se saca el santo en procesión y los fieles se lo pasan por aquellas partes del cuerpo donde tienen sus dolencias. Por encima de la capilla está A Pena do Santo, el alto roquedal en el que, según la tradición, solía aparecerse el santo, lo que justificó la construcción de la capilla. Por aquí pasaba el conocido como Camiño da Vena, procedente de las explotaciones de hierro situadas en A Veneira de Roques y cuyo destino era la ferrería de Barxa de Lor, pasando por Lebrón y Salcedo. Dejamos la capilla de San Vitoiro y el camino da un giro a la derecha, discurriendo paralelamente al arroyo de A Devesa durante 1,7 kilómetros. Al cruzar el arroyo hay que coger un desvío a la izquierda para visitar la aldea de Teixeira, distante ochocientos metros del cruce. Una vez de nuevo en el cruce anterior, hay que seguir caminando unos cincuenta metros por la pista principal y a continuación tomar un desvío a la izquierda para seguir hacia Penadexo. La pista sube entre extensos pinares hasta llegar a un cruce de caminos. Hasta aquí se han recorrido unos diez kilómetros, aproximadamente. En esa encrucijada hay que desviarse a la derecha en dirección a Penadexo hasta llegar a un nuevo cruce, en el que es necesario girar a la izquierda. Acto seguido, tras atravesar lo que queda de su soberbio souto de castaños, el camino llega a Penadexo, la aldea que más sufrió el aislamiento durante muchos años, hasta que se abrieron nuevos caminos y pistas forestales que la convirtieron en una de las mejor comunicadas de la zona. Entre estas nuevas pistas asfaltadas está la que une Penadexo con la vecina aldea de Pradelas, situada a 800 metros de distancia. Pradelas es uno de los pocos núcleos de esta zona que conserva en buen estado la arquitectura tradicional. Hoy en día aquí vive sólo un matrimonio. Sus hijos abandonaron la aldea hace varios años en busca de trabajo. Quinta parada La quinta parada está en la aldea de O Busto. Para llegar a ella hay que salir de Pradelas por una pista que se une con la que procede de Lourente después de 300 metros de recorrido. Ahora hay que desviarse a la izquierda durante otro kilómetro y medio para llegar al último destino de este recorrido. O Busto está abandonada desde que se fue el último vecino hace siete años. Las viviendas se mantienen en buen estado y el cuidador de las colmenas situadas en las cercanías de la aldea aún se pasa con regularidad por allí. Por encima de esta aldea hay un manantial muy especial, conocido tradicionalmente como Fonte das Lamas. Su peculiaridad consiste en que de la misma roca brotan a muy escasas distancia dos manantiales diferentes. De uno de ellos mana agua caliza y del otro, agua ferruginosa.