Reportaje | La Segunda República Las parroquias de Monforte volvieron a votar mayoritariamente a los conservadores en la segunda vuelta de las elecciones de 1931 que trajeron el cambio de régimen
11 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?as presiones ejercidas desde diversos distritos rurales y las continuas provocaciones de los viejos políticos que se sucedieron durante el mes de mayo de 1931 en toda España llevaron al ministro de Gobernación, Miguel Maura, a repetir por primera vez las elecciones municipales en al menos 882 ayuntamientos -42 de ellos en la provincia de Lugo, incluido Monforte- casi todos del medio rural y cuatro de ellos capitales de provincia. Esta medida afectaba a las circunscripciones en las que habían ganado los monárquicos y donde se habían presentado pruebas de corrupción referentes a la convocatoria electoral del 12 de abril. El objetivo era dar cobertura al nuevo régimen en un intento de republicanizar el campo. Para conseguirlo, el Gobierno se dotó con prontitud de una nueva organización, con el fin de hacerse con el control del aparato burocrático. La situación había variado significativamente respecto a la contienda principal -las instituciones habían virado hacia posiciones de izquierda- y se presentaba propicia para obtener unos resultados favorables al nuevo régimen, aunque fuese con procedimientos semejantes a los empleados por los caciques monárquicos. Así lo denuncia la derecha, refiriéndose a la actuación del Gobierno Civil de Lugo, acusándola de entorpecer la labor de los ediles monárquicos y de destituir concejales no adictos para nombrar nuevas comisiones gestoras municipales. Desde el Gobierno Civil tratan de desmentir estas informaciones a través de una nota publicada en la prensa, en la que niegan que amparen a alguna candidatura. Señalan, además que velarán por el cumplimiento de la ley y garantizarán la libertad de los electores. En Monforte, estos comicios tuvieron un carácter parcial. Sólo se repitieron en las parroquias, donde los conservadores habían obtenido un respaldo casi total, porque en el núcleo urbano los resultados fueron validados. Debido al escaso tiempo que tuvieron para preparar las elecciones las distintas fuerzas políticas, la campaña fue breve y de escasa confrontación partidaria. Los grupos de izquierda se apoyaron en dos pilares fundamentales: el mitin que celebraron en el Teatro Principal en vísperas del sufragio y la propaganda llevada a cabo por El Socialista , periódico del que repartieron numerosos ejemplares. Por su parte, los monárquicos, confiados como estaban en los manejos caciquiles, parece que se retrajeron de intervenir en campaña. Por lo menos, no consta que realizasen ningún tipo de propaganda, lo que restó calor a la contienda. El control del aparato institucional por los republicanos -en poco más de un mes la provincia de Lugo tuvo cinco gobernadores civiles, si bien dos de ellos ocuparon el puesto de forma interina- y la nula actividad desplegada por los defensores del antiguo régimen contribuyeron probablemente a que los resultados en esta segunda vuelta mejoraran para la conjunción republicana, que consiguió un concejal más para el partido socialista. Triunfo arrollador Con todo, el triunfo monárquico resulta de nuevo arrollador, aunque en esta convocatoria su representación está casi monopolizada por los agrarios. Las viejas redes caciquiles no habían desaparecido de repente y recurrieron a los medios coercitivos de los que disponían para mantenerse en el poder. Por lo tanto, Monforte no sigue la tónica común, tanto en Galicia como en el resto del Estado, de decantarse por opciones republicanas, y se mantiene como un feudo de los agrarios. Esta nueva victoria monárquica soliviantó profundamente a los representantes de la izquierda, que consideraban que se había adulterado la voluntad popular y presentaron diferentes reclamaciones. Los denunciantes fueron Manuel Ramírez, candidato a edil, y dos de los interventores de la mesa de Moreda, Gerardo Macía y Claudio Rodríguez. El primero protestó por las coacciones sufridas por algunos electores en el colegio de Baamorto-A Parte; y los otros dos por no haber sido admitidos como interventores en sus mesas, con el argumento de que habían llegado fuera de tiempo. Ninguna de las reclamaciones prosperó y se mantuvieron por tanto los resultados que arrojaron las urnas.