La República murió el 21 de julio

Juan Cancela LUGO

LEMOS

ARCHIVO JUAN CANCELA

Las organizaciones de izquierda de Lugo se apresuran a esconder y destruir documentación Los periódicos, con censura previa, publican el bando de declaración de estado de guerra

20 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

RIBERAS DEL MIÑO. Junto al río Miño, hacia As Saamasas, se produjeron numerosos enfrentamientos y también fue lugar de huidas de la ciudad El régimen republicano, como institución que agrupa a todos los españoles, deja de existir el 20 de julio. Una parte del país, dominada por el ejército y las fuerzas derechistas; la otra tomada, por las fuerzas frentepopulistas. Las instituciones que se mantienen carecen de fuerza real que sostenga su existencia sin el chantaje de las fuerzas políticas que se han hecho con el poder en cada zona. El ejército se ha dividido, al igual que las fuerzas de orden público. El único mando son los partidos y sindicatos, que como pueden van consiguiendo armas de todo tipo. Una orgía de sangre ha comenzado, muchos odios generados en estos días iniciales pervivirán durante generaciones. Los lucenses, que habían mantenido una cierta calma gracias a los esfuerzos y la sensatez de los políticos locales, comenzaron el día 20 ansiosos de escuchar las emisoras madrileñas y valencianas. En los pocos receptores de radio, que en aquellos días tenían los establecimientos públicos, reciben desde la emisora local Radio Lugo, la lectura del Bando del alzamiento, que finalizaba con un «¡Viva la República!». Un postre amargo que presagia una suerte incierta. Las descargas de fusilería suenan ampliadas por el eco, como el estruendo de cohetes de una romería macabra. Los mineros, obreros y gentes de toda condición que estaban en el Hospital Municipal de Santa María, se escabullen como pueden por las orillas del Miño y parroquias cercanas. Conscientes de la inutilidad de sus esfuerzos tratan de reagruparse y conseguir cualquier arma de fuego y municiones. Las organizaciones políticas de izquierda ya habían comenzado a esconder y destruir su documentación. Durante años se dijo que parte de la de depositada en la Casa del Pueblo se había enterrado en las inmediaciones del hospital, en las cercanías de la calle Germán Alonso. Las primeras incautaciones son la de la Casa del Pueblo y las sedes de partidos y asociaciones izquierdistas. El control de Telefónica, Correos, radio, edificios públicos y lugares estratégicos, así como nudos de comunicaciones y ferrocarril. Se publica la prensa local con censura previa de acuerdo al artículo séptimo del bando de declaración de guerra firmado por el coronel Alberto Caso Agüero. Día 21 La primera página de las publicaciones inserta el bando de declaración de estado de guerra, en toda la provincia. Curiosamente esta declaración se basa en las atribuciones de la Constitución y el Código de Justicia Militar. El establecimiento del toque de queda de siete de la tarde a seis de la mañana, la aplicación del código de justicia militar en su mayor extensión a todos los que se opongan al levantamiento, dejan claro que la situación es irreversible. La prensa de tintes conservadores, al igual que muchos lucenses, se muestra partidaria del alzamiento, aunque en estos primeros momentos se cierre el bando con un «¡Viva la República!», y se intente hacer ver que lo que se busca es la destrucción del Frente Popular y no del régimen republicano. Radio Lugo difunde el bando militar y las noticias favorables al triunfo de la sublevación se van recibiendo. En los lugares públicos se impide la recepción de las emisoras «revolucionarias», bajo pena de prisión o aplicación de las leyes de guerra como acto subversivo. Los pocos lucenses que tenían receptores los ocultan y encerrados tratan de captar noticias del gobierno legítimo, en un caos informativo desproporcionado. El llamado «verbo florido» del general Queipo de Llano, desde Radio Sevilla, hace temer una ola de represión de magnitudes apocalípticas.