Crónica | Nuevas formas de esclavismo en la provincia lucense Dos marroquíes, que eran explotados en la recogida de pollos en varias granjas, cuentan su angustiosa situación. Uno de ellos fue expulsado del piso donde vivía
28 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?Trabajé durante dos meses y medio sin seguro, sin contrato... No cobré. Sólo me daban 20 ó 30 euros a la semana para que comprara comida. Ya se te pagará lo demás, me decían». El autor de este relato es Mustafá (solicitó que su nombre fuese ocultado), uno de los 15 marroquíes que supuestamente eran explotados en la recogida de pollos en granjas avícolas de la provincia. El grupo que presuntamente ejercía una nueva forma de esclavismo, consistente en pagar lo mínimo y hacer trabajar lo máximo a personas que ni tan siquiera tenían contratos por ser extranjeras, fue descabezado por la Guardia Civil. Junto a Mustafá, también Mohamed accedió a contar la situación que le tocó vivir a un grupo de 15 personas, todas ellas de origen magrebí que apenas cobraban por llevar a cabo un duro trabajo como era la recogida de pollos destinados a los mataderos. «Empatábamos la noche con la mañana. Salíamos para las granjas a las siete de la tarde en unas furgonetas en las que íbamos entre cinco y siete personas. Volvíamos sobre las seis y media de la mañana para desayunar. Dormíamos un par de horas y, de nuevo había que salir. No teníamos ni tiempo para nosotros», contaron. Curiosamente, los dos magrebíes responsabilizan de su situación a un paisano suyo que era quien hacía las funciones de encargado. Supuestamente trabajaba para un empresario pontevedrés que fue detenido. Las tres personas apresadas quedaron en libertad tras declarar ante el juez. «A mí me prometieron contrato, seguro y entre 600 y 700 euros mensuales. No estaba mal, pero todo era mentira. El encargado nos decía siempre que esperásemos un poco más, que pronto nos darían el contrato pero nunca llegó. Espera, espera, que los papeles los tiene el abogado y la Guardia Civil, me decían. Mientras tanto, todo era trabajar y trabajar», explicó Mustafá. Este joven magrebí, de 27 años, contó que, en numerosas ocasiones, les decían que si aparecía un inspector de trabajo le dijesen que trabajaban por cuenta propia. ¿Cómo se sobrevive con 20-30 euros a la semana? ¿Qué comían? Son preguntas que van respondiendo tranquilamente Mustafá, que es el que habla perfectamente castellano porque lleva en España desde el año 88. «Sólo me llegaban para comprar pan, patatas y algo de pasta. También sobrevivíamos con algún pollo que traíamos de la granja», relató. También contaron que el piso en el que vivían hacinados fue alquilado a nombre de uno de los detenidos. «En un piso de tres habitaciones estábamos habitualmente seis personas», señalaron. Mustafá tuvo que afrontar un problema a mayores. Cuando ya se cansó de la situación de explotación a la que estaba siendo sometido, puso el hecho en conocimiento de las autoridades. El encargado, al enterarse, le echó del piso. «Me tiraron todo, incluso los papeles. Me dejaron limpio», comentó. Como consecuencia de la situación de desamparo tuvo que ser acogido por una ONG. «Nunca tuve un problema como éste. Es el mayor de mi vida. Te dejas llevar, confías en tu paisano y, ya ves, fui engañado hasta el fondo», contó. Mustafá, durante su estancia en España ha trabajado en varios sitios. «No tengo el placer de poder escoger. Lo que más me gusta, es lo que soy, cocinero, pero ¿Quién va a querer un cocinero sin papeles?», planteó. Mohamed lleva dos años y pico en España. Entró por Algeciras. En Marruecos tiene actualmente a su esposa y a los padres. Todo este tiempo lo dedicó prácticamente a la recogida de pollos pero, hasta ahora, le habían pagado con cierta regularidad. Ahora ambos están pendientes de no ser expulsados del país, junto a los demás compañeros. Confían en que las autoridades españolas les den una solución que no pase por devolverles a Marruecos justamente por haber denunciado a sus explotadores.