Ventanas cerradas en Monforte

RAMÓN RODRÍGUEZ

LEMOS

TRIBUNA | O |

14 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

PASEO por Monforte. Llevo más de media hora paseando por la ciudad. Estoy asustado, desanimado. ¿Ustedes no lo están? Porque pienso que en Monforte hay muchas, demasiadas casas que tienen colgado el cartel de «se vende». Es rara la calle que no tiene clavado al menos un cartel. En la calle Calvo Sotelo pasan ya de la docena. Los domingos mortecinos de niebla deberían alquilarse como decorado a los grandes estudios de Hollywood por su mayores posibilidades que los murales fotográficos del ayer y hoy que exhibe nuestro alcalde. ¿Qué hacer antes de que nos trague este desierto? Pues qué mejor que las nuevas generaciones de chavalotes y chavalotas creen asociaciones culturales al calorcito del Partido Popular para echarle los trastos a la cabeza a las primeras de cambio al alcalde. Qué mejor que un Consorcio Turístico -sí, otro más- que busca gerente a 4.000 euros mensuales y que sin abrir las puertas se come diez millones de las antiguas pesetas. Qué mejor que nuestros concejales pluriempleados en Santiago, mientras el alcalde busca estrategias con la Xunta cuando finaliza su mandato. Sí, por favor, dónde hay una estrategia. Qué mejor que un Consejo Económico y Social desahuciado por el que imploró e imploró un sindicalista y qué mejor que las guerras entre sindicatos con el personal de patitas en la calle. Y qué mejor, oigan, que poco a poco esos cartelitos de las inmbiliarias vayan formando parte del mobiliario urbano y que si un helicóptero sobrevuela la zona, encuentre la ciudad convertida en una gran mancha de color amarillo. Como las margaritas en primavera. Bonito, ¿no? Posdata: por fin alguien en el BNG -siga así, señor Quintana- entiende lo que son las residencias públicas de ancianos.