Merlán, vieja capital de la cabra

La Voz

LEMOS

Terra adentro En tierras de Chantada se celebró ayer una de las ferias más pintorescas de la Ribeira Sacra, aunque ya no ofrece el esplendor que la caracterizó en otros tiempos

16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Llegó la festividad de San Ciprián y con ella una de las ferias más típicas y pintorescas de la Ribeira Sacra y aún me atrevería a decir que de toda Galicia. Hablo, por supuesto, de la Feira das Cabras que se celebra por estas fechas en la localidad chantadina de Merlán . Bien es verdad que esta feria ya no es escenario de grandes movimientos de ganado, como lo fue antaño: apenas medio centenar de cabras se exhibieron ayer en este lugar. Pero sigue siendo un testimonio vivo de unas costumbres ancestrales que están desapareciendo rápidamente ante nuestros ojos. Es una feria muy relacionada con el tiempo de la vendimia, puesto que los odres de pellejo de cabra se utilizaban antaño profusamente para el transporte del vino en estas tierras. Y en Chantada es de mucha tradición comer cabra cocida en los días de la recogida de la uva. En fin, todo un espectáculo etnográfico que aún tenemos la suerte de poder observar en vivo. Ganado foráneo En otro tiempo, en la feria de Merlán se concentraba ganado caprino procedente de lugares a veces bastante apartados de la comarca chantadina. Aún recuerdan los mayores los tiempos en que allí venían criadores de cabras de la comarca de Valdeorras con bien nutridas manadas. Aquella época ya quedó atrás, desde luego, pero aún quedan de ella ciertos vestigios. Ayer pudieron verse algunas cabras procedentes de Xián , en Taboada, como últimas representantes de un esplendor desaparecido. Políticos en movimiento De la ganadería tradicional pasamos al mundo de la política moderna. En los últimos tiempos se está registrando un curioso fenómeno de trashumancia que lleva a diversos políticos de Monforte a visitar Sarria con mucha frecuencia. No daré nombres, pero sí señalaré que cada vez son más los políticos monfortinos -de todos los colores, por cierto- que se desplazan a la villa jacobea a cenar, a comer, a tomar café... ¿A qué se deberá esta singular moda? Cualquiera sabe. En todo caso, seguro que los hosteleros de Sarria agradecen esta afluencia.