El ADN de los vinos

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Crónica | Nuevas exigencias de la Unión Europea Las bodegas deben registrar desde enero en un libro todos y cada uno de los tratamientos para que las inspecciones puedan seguir el proceso de elaboración de la botella a la viña

12 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Al igual que el resto de la alimentación, el sector vinícola debe cumplir desde el pasado primero de enero el reglamento 178/2002 del Parlamento europeo, que garantiza el acceso a todos los datos relativos a las etapas de transformación y distribución de los productos. En la práctica, obliga a las bodegas a registrar cada uno tratamientos que se aplican en la elaboración del vino para que se pueda seguir el rastro exacto de su elaboración desde la botella a los viñedos de los que salió un determinado lote. La nueva normativa comunitaria, que se conoce como trazabilidad de los alimentos, pone toda esa información al alcance de las autoridades competentes. Mediante el registro de datos, la administración puede rastrear, por ejemplo, los pasos que se siguieron en la elaboración de un lote de vino defectuoso -o de cualquier otro alimento- y retirar toda la producción afectada del mercado. La trazabilidad no está ligada exclusivamente al origen de la materia prima y al destino del producto, sino que abarca el conocimiento de todos los elementos utilizados y de los diferentes parámetros del proceso de elaboración. En el caso del vino el seguimiento es particularmente complejo por la elevada cantidad de datos que se deben registrar, que van de las prácticas vitícolas a pie de viña a las enológicas, ya en la bodega. Tanto es así que entre algunos bodegueros de Ribeira Sacra, donde aún son mayoría las dedicaciones a tiempo parcial y las producciones de menos de 5.000 litros, ha surgido una gran inquietud por la repercusión de la entrada en vigor del reglamento comunitario. Para el presidente del consejo regulador, José Manuel Rodríguez, el león no es tan fiero como lo pintan. «Nas adegas acollidas a denominacións de orixe a trazabilidade xa está feita, pois sempre houbo un seguemento da procedencia das uvas, das analíticas dos viños e dos productos usados na súa elaboración», señala. Las bodegas adscritas a Ribeira Sacra -prosigue- «teñen unhas esixencias maiores que as que non están acollidas a unha denominación de orixe, e antes da entrada en vigor do decreto xa levaban un libro de rexistro que está a disposición do consello regulador e de dos inspectores da Xunta». Aún así, las empresas especializadas han comenzado a ofrecer sus servicios a los bodegueros para cumplir con los requisitos de la trazabilidad. La casa de cultura de Monforte fue escenario recientemente de un acto informativo, convocado por una firma particular, que dejó a más de un bodeguero salió con la mosca detrás de la oreja. «Hai que levar o libro do concello, de fraudes, dos productos utilizados... Son moitas complicacións para os que temos unha producción pequena», señala un bodeguero de la denominación de origen. Los expertos sostienen que en los procesos de registro de datos resulta imprescindible la ayuda de la informática. A los viticultores de Ribeira Sacra, acostumbrados a vérselas con pendientes inverosímiles, les toca ahora lidiar con las nuevas tecnologías.