Un hallazgo «de taquicardia»

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Reportaje | Patrimonio recuperado en Monforte Tras la aparición de valiosos libros y pinturas en Santa Clara, la historiadora Manuela Sáez estudiará la biblioteca del convento en busca de posibles piezas desconocidas

12 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?La impresión fue de taquicardia», dice la historiadora monfortina Manuela Sáez al comentar el hallazgo de cientos de libros antiguos y de nueve pinturas que ella y el sacerdote César Carnero efectuaron en el convento de Santa Clara. «Cuando apareció la Biblia de Plantin de 1583 ya fue algo impresionante, pero todavía lo fue más cuando encontramos los lienzos guardados en una caja unos días después», añade. Manuela Saéz confiesa que al abrir este caja, colocada en un rincón del desván del convento, pensó que sólo contenía sacos. César Carnero, no obstante, en seguida se dio cuenta de que se trataba de lienzos pintados. Tras el descubrimiento, uno de los más notables realizados en los últimos años, en el sur lucense en cuestión de patrimonio, Manuela Sáez se dispone a continuar sus investigaciones en el convento monfortino. Ahora tiene previsto examinar a fondo la biblioteca del convento, que nuncha ha sido objeto de un estudio detenido y en la que se guardan numerosas obras antiguas. «La biblioteca guarda una colección interesantísima», señala. La historiadora cree que en ella podrían encontrarse otros ejemplares procedentes de la colección de libros que la sexta condesa de Lemos, Catalina de Zúñiga, envió desde Madrid a Monforte en el siglo XVII. De esta donación también formaba parte la Biblia latina impresa por Christophe Plantin en 1583, uno de las obras más valiosos que aparecieron en los baúles guardados en el desván del edificio conventual. Arquitectura y arte Un inventario de esta donación que fue localizado por Manuela Sáez en el convento indica que la condesa envió a Monforte algunos tratados de arquitectura. Estas ediciones renacentistas de obras escritas por autores tan célebres como Vitruvio, Sebastiano Serlio o Lorenzo Valla, tendrían un enorme valor bibliográfico. Se sabe también que en la colección de Catalina de Zúñiga figuraba un libro de grabados del gran artista alemán Alberto Durero.