A Airela, del bullicio a la soledad total

C. Rueda | F. Albo MONFORTE

LEMOS

La ruina se apodera de un pueblo abandonado situado en las cercanías de A Ferrería do Incio Las familias numerosas abundaban en la aldea hasta los años cincuenta

16 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

? mediados del siglo pasado, A Airela era una animada aldea del municipio de O Incio. Hoy es un ejemplo muy ilustrativo del efecto que el declive demográfico del medio rural causa en muchos lugares del interior lucense. Los últimos vecinos de A Airela, el señor Manuel y la señora Encarnación, abandonaron el lugar en 1986 y trasladaron su domicilio a A Ferrería. Desde entonces la soledad ha reinado en este lugar y el abandono está demoliendo poco a poco sus recias construcciones tradicionales. A Airela se encuentra a menos de dos kilómetros de A Ferrería, por la carretera LU-642, en dirección a A Casela. Para llegar hay que recorrer 1,7 kilómetros y tomar un desvío de trescientos metros que aparece a la izquierda del vial. La pista atraviesa un extenso bosque de castaños, muy mermado después de haber padecido hace años un incendio. La localidad tuvo en tiempos quince viviendas, la mayoría de las cuales albergaban a familias numerosas, y cada una era conocida por su propio nombre: O Casarón, Riva, Carreira, Carrozo, Casa de Baixo... Hoy sólo queda en pie la mitad de las viviendas y la ruina también se apodera de ellas, pero todavía se pueden apreciar en estas construcciones las formas características de la arquitectura popular de la montaña. Un antiguo horno de pan, una aira para majar el cereal y restos de carros y aperos de labranza dan testimonio de un modo de vida tradicional con muchos siglos de tradición que acabó por extinguirse. La caza fue en tiempos un importante recurso para la alimentación de los vecinos del pueblo. En invierno, las fuertes nevadas que caían en esta zona obligaban a veces a los cazadores a permanecer tres días enteros fuera de la aldea. Los jóvenes del lugar también salían con frecuencia, en los meses de verano, a participar en las fiestas y romerías de la zona, para lo que solían utilizar las caballerías. Sus excursiones festivas se extendían con frecuencia a tierras bastante apartadas, como las de O Cebreiro. La fiesta local se celebraba en abril y eran animadas por un gaiteiro local conocido como O Caxeno. Los últimos vecinos recuerdan que en cierta ocasión se derrumbó un pajar sobre este músico cuando estaba en plena actuación, causándole un susto mayúsculo. Para iluminar el campo de la fiesta se utilizaban ramas secas de uz y los vecinos llamaban a estas antorchas ardentes de u z. De A Airela partían varios caminos de carro, hoy totalmente cerrados por la maleza, que se dirigían a Vilar de Robledo, A Ferrería y O Courel. Este último era conocido como Camiño do Roteón y pasaba por el límite de las tierras de Lóuzara y de O Courel.