Manuel María

J. GARCÍA BERNARDO

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

11 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

FUE EN los primeros años de la década de los setenta del pasado siglo cuando, merced a la intermediación de Camilo Gómez Torres -profesor que transformó los métodos de enseñanza de la literatura en el sarriano colegio de los Mercedarios-, el autor tuvo ocasión de conocer al poeta Manuel María. Desde entonces mantuvimos una magnífica relación, recordándolo ahora con especial afecto por mor de su fallecimiento. «O Bernardo» era su cariñosa expresión de referencia. En Xistral, la librería de la monfortina calle del Cardenal en la que junto a Saleta pasó tan buenos momentos en una época marcada por la transición política, se produjo una curiosa discusión sobre si Pío Baroja, mi autor preferido, era un literato vasco o no, partiendo uno del lugar de nacimiento y de la temática de muchas de sus obras y el otro de la utilización del idioma y del compromiso en la defensa de intereses euskaldunes. Nuestro pensamiento ideológico no era, precisamente, coincidente pero la relación era cordial y de afecto recíproco. En el devenir de los años la relación personal pasó a ser también profesional y fueron muchas las ocasiones en las que las distintas sedes de los órganos jurisdiccionales monfortinos nos permitieron conversar. Y aún no hace muchos meses que coincidimos y charlamos en la coruñesa calle Real. La repercusión mediática de su fallecimiento es clara acreditación de la trascendencia de su obra en la literatura gallega. Nadie como él ha plasmado el sentir de las comarcas de Terra Chá y Lemos. Siempre estuvo dispuesto a colaborar con aquél que se lo pidiere. Conferencias pronunciadas, mesas redondas y coloquios en los que intervino en la zona centro sur de la provincia de Lugo han sido innumerables. Un comprometido y gran poeta se ha ido. Pero, con todo y sobre todo, Manuel María era una buena persona.