Las chicas de Lismar no bajan la guardia

Pilar Freire CHANTADA

LEMOS

RAFA PRADO

25 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Las empleadas de Confecciones Lismar lo tienen claro: sólo piden lo que es suyo. Lo contaba ayer Matilde, una de las tres trabajadoras que pasaron la noche del martes delante de las instalaciones de la firma chantadina. Mantas, provisiones y un termo de café para pasar la madrugada al raso. Están cansadas, pero no bajan la guardia. Mientras sus compañeras acudían al local de la Confederación Intersindical Galega (CIG) a Lugo para tramitar la correspondiente demanda por cierre ilegal que presentarán el viernes en el Servicio de Mediación Arbitraxe e Concialición (SMAC), Matilde e Isabel se quedaron en la calle Alférez Baanante esperando no saben muy bien que. Los sindicatos les aconsejan que no se vayan de allí. Y ellas se mantienen firmes en su determinación "Isto non vai quedar só ata que alguén nos diga que vai pasar", afirma Isabel. Las dos llevan veinticinco años trabajando para la empresa y no saben que les depara su futuro laboral si el cierre es definitivo. Las doce asalariadas que se trasladaron ayer a la capital de la provincia las relevaron en cuanto llegaron a Chantada. Siguen sin noticias de los gerentes. Desde que el pasado lunes se presentaron en la factoría para hablar con el sector de la plantilla que no ha demandado a la empresa, no han vuelto a saber de ellos. Sólo que fueron a la fábrica a primera hora de la mañana de ayer a buscar prendas confeccionadas para la industria textil ferrolana Unicen. Isabel explica que intentaron preguntales que iba a pasar con sus contratos, pero no hubo respuesta. Las seis empleadas que se reunieron con los gerentes no se han unido a las reivindicaciones de sus compañeras. Sin embargo, estas dos veteranas recibieron una buena noticia. Ellas habían denunciado el impago de los salarios un poco antes que las demás en el juzgado de lo social de Lugo. Ayer les comunicaron que habían ganado el juicio y que los empresarios están obligados a pagarles los sueldos correspondientes a los meses de junio, julio, agosto y una paga extraordinaria. Ambas recuerdan que la crisis empezó a hacerse notar a finales de mayo. El trabajo escaseaba y la dirección les daba pequeños descansos que cada vez eran más largos. Pero nunca reconocieron que la situación fuese grave. Ese mes les pagaron la nómina. Fue la última. La mayor parte del personal continuó acudiendo a su puesto de trabajo con normalidad, incluso después de la propuesta de regulación de empleo que Confecciones Lismar solicitó a la Consellería de Xustiza para suspender temporalmente la actividad de la fábrica «Ás veces pasabamos o día de brazos cruzados, pero nos viñamos a traballar todos os días», explica Matilde. En aquellos momentos, cuentan, los responsables de la firma chantadina les dijeron que tenían el futuro asegurado, que Lismar se recuperaría de la crisis y se convertiría en una gran empresa. Pidieron calma y que no se preocupasen, que las iban a hacer fijas a la mayoría. Las promesas se han convertido en un cierre del que nadie se atreve a aventurar si va a ser definitivo. Sin previo aviso al personal ni notificación alguna a Xustiza, Confecciones Lismar interrumpió la producción el pasado martes. Inspección de Traballo El personal espera que la Inspección de Traballo acuda hoy a revisar el cierre de la industria. La CIG ya comunicó la situación a este organismo antes de ayer. Mientras, seguirán turnándose para no abandonar la protesta. Ayer recibieron la visita del concejal nacionalista Manuel Anxo Taboada que se prestó a echarles una mano en lo que pudiese. La noche y el día han sido largos para las chicas de Lismar, pero no pierden las fuerzas ni el sentido del humor: «Onte pola noite aínda rimos unha chea. Hai que tomalo con calma».