Cuatro derrotas consecutivas dejaron al equipo monfortino fuera de la Copa de la Reina y el cuerpo técnico busca culpables Los malos resultados deportivos de las últimas jornadas, cuatro derrotas consecutivas, han puesto al descubierto los males que arrastra el Ribeira Sacra desde el inicio de temporada. El equipo estaba funcionando a duras penas gracias a un buen inicio de campaña, pero el hecho de quedar fuera de la Copa de la Reina ha llevado a los responsables de la parcela deportiva; Manolo Martínez y Valentin Milev a buscar responsables en lugar de asumir su parte de culpa. La directiva intenta poner calma en el ya más que anunciado divorcio entre la parte técnica y buena parte de las jugadoras, pero por el momento sus esfuerzos son baldíos.
13 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Las victorias de Albacete y Murcia en los partidos atrasados de la última jornada de la primera vuelta enviaron al Ribeira Sacra de la sexta posición a la novena, quedando así el equipo monfortino fuera de la fase final de la Copa de la Reina que esta temporada se jugará casi con total seguridad en Gijón. A Pinguela comenzó bien la temporada y todo parecía indicar que iba a estar entre las ocho mejores por los resultados cosechados al principio, así como por el buen juego practicado por el equipo en algunos encuentros. Mano dura Los buenos resultados parecían dar la razón al secretario técnico, que no se cansaba de repetir que la plantilla era de más calidad que la pasada temporada y el nuevo entrenador, el mejor del mundo, sobre todo porque sabía tratar a las jugadoras con mano dura, algo de lo que carecía el anterior técnico, al que tachó de blando en diversas ocasiones. Con la llegada de las vacas flacas el discurso cambió sustancialmente. Los problemas, siempre según Manolo Martínez, no tenían nada que ver con el actual cuerpo técnico, sino con el anterior, que trataba demasiado bien a las jugadoras y éstas estaban mal acostumbradas y ahora se quejaban sin ninguna razón aparente. Cuatro derrotas consecutivas, la más dolorosa la última en casa ante un débil Barcelona que apeó a las locales de la fase final de la Copa de la Reina, fueron demasiado para la escasa paciencia de Milev y Martínez, desbordados por completo por los acontecimientos y que al no encontrar soluciones tratan de descargar toda la responsabilidad hacia determinadas jugadoras de la plantilla que, al margen de que estén o no en un buen momento de juego en la actualidad, tratan de actuar siempre con la máxima profesionalidad. La situación es ahora mismo insostenible y alcanzó su grado máximo de surrrealismo cuando el técnico mandó callar el pasado sábado a un grupo de aficionados cuando trataban de animar al equipo desde las gradas en el partido que apeó de la Copa al Ribeira Sacra.