La mayor parte de los establecimientos estarán completos en el mes de agosto En los últimos años el turismo rural se está convirtiendo en una oferta vacacional más a tener en cuenta a la hora de disfrutar de las vacaciones y el número de personas que se decanta por esta opción va en aumento. Cada vez son más las familias que se olvidan de la playa para buscar la paz que les ofrece el turismo rural del interior de Galicia y de la comarca de Sarria. En la actualidad, en esta zona hay seis establecimientos de este tipo. Para este verano, sobre todo en el mes de agosto, quedan ya pocas plazas libres por lo que se convierte en necesario realizar las correspondientes reservas.
28 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Últimamente son cada vez más las personas que deciden pasar sus jornadas vacacionales en una casa rural como las que hay en la comarca de Sarria. Las personas que más se decantan por este tipo de turismo proceden de grandes ciudades como A Coruña y Vigo, dentro de la comunidad gallega. Con respecto al resto de la península, los madrileños y los catalanes son los más numerosos y si hacemos alusión al extranjero, hay que destacar un importante índice de visitantes de nacionalidad francesa y alemana. Tranquilidad y gastronomía Los veraneantes además de buscar la tranquilidad quieren disfrutar de la calidad de la gastronomía gallega. Este es un aspecto que tienen muy en cuenta los dueños de este tipo de establecimientos y por eso la comida casera se convierte en uno de los principales reclamos turísticos. Entre los platos preferidos por el turista rural hay que mencionar el caldo gallego y el pulpo, especialmente. Aunque la demanda aumenta cada año de un modo significativo, por ahora no hay problemas de competencia. Según explicó la presidenta de la asociación de Turismo Rural, Mª Isabel Fontal «cada año se incrementa el número de personas que hace turismo rural aunque la ocupación de cada establecimiento es la misma porque también se han abierto nuevas casas». Para poner en marcha estos negocios la mayoría de los propietarios recibieron subvenciones que rondaron los siete millones y que les obligan a mantenerlas abiertas al menos 10 años.