«El camarero también debe tener algo de psicólogo»

La Voz

LEMOS

LUIS DÍAZ LA ENTREVISTA Miguel Macía, profesional de hostelería homenajeado en Monforte Tiene 68 años y se ha pasado 51 detrás de una barra. Miguel Macía González, el entrañable «Miguel» que se ha ganado el aprecio de varias generaciones de monfortinos por su buen hacer, fue uno de los camareros gallegos homenajeados en la última edición de la Mostra dos Viños da Ribeira Sacra. Nunca tuvo ocasión de aprender su oficio en una escuela de hostelería, pero siempre fue considerado un profesional modélico por su discrección y cortesía hacia al cliente. El tiempo le ha enseñado que el buen camarero debe ser también «algo psicólogo».

21 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Miguel Macía acepta la entrevista a regañadientes. No por descortesía, sino por humildad. «No me gusta ser protagonista, hay quien lo merece mucho más que yo». -Cuéntenos sus inicios... -Empecé a trabajar de chaval en el ambigú del Teatro Lemos. Luego pasé a la Estación. En el Galicia, tuve un buen maestro, Tino, un gran camarero, con algo de genio. -¿Cómo era entonces el barrio de la Estación? -Un hervidero. En el Galicia teníamos tres reservados y nueve mesas y había que guardar cola para poder comer. Aún hoy conservo un callo en la mano de cortar el pan. -Las jornadas serían agotadoras... -Podías trabajar sin descanso desde las dos de la tarde a las cuatro de la madrugada. -¿Y los sueldos? -Corrían otros tiempos. En uno de los trabajos que tuve me lo pagaron todo junto con un traje, antes de marchar al ejército. Valió 1.500 pesetas. -¿Alguna anécdota? -En la mili hice una sustitución de un mes en el chalé de un general, que vivía junto a la capitanía de A Coruña. El cocinero era un desastre. Al principio le decía cómo tenía que hacer. Luego me hicieron ocupar su lugar. Mi madre fue una gran cocinera y algo había ido aprendiendo. -De regreso a Monforte recalaría usted en las cafeterías España y Sésamo, ¿cómo era aquel ambiente? -Muy distinto al de ahora. Las mujeres ni siquiera entraban en los bares, sólo iban a las cafeterías y estaba muy mal visto que fumasen. -¿Qué distingue al buen camarero? -La rapidez y la corrección al tratar al cliente. También hay que ser un poco psicólogo, saber con quién debes hablar y con quién no. -¿Fue el de Ribeira Sacra el primer homenaje? -No. Unos clientes de El Castillo también me dieron una placa al jubilarme. Son cosas que no sé como agradecer... Siempre me gustó mi trabajo y además hice amigos. -Aunque ahora no le guste entrar en los bares... -La verdad es que no. Hasta me sabe mejor el agua del grifo a un agua mineral.