El noventa por ciento del terreno que cubre el regadío está a monte

REDACCIÓN MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

El Gobierno elude impulsar el canal y dice que las competencias sobre cooperativas agrícolas son de la Xunta El cruce de declaraciones políticas sobre el regadío Val de Lemos es testimonial, a tenor de los datos sobre superficie cultivada. Actualmente, el noventa por ciento del terreno que cubren las acequias está desaprovechado o a monte. El regadío alberga todavía un gran potencial para determinados cultivos, pero su aprovechamiento está supeditado a la creación de una comunidad que lo explote. Mientras el envejecimiento de la población hace más remota esta posibilidad, el Gobierno descarga responsabilidades en la Xunta.

15 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El diputado Francisco Rodríguez obtuvo respuesta a finales del pasado mes de mayo a la enésima interpelación del BNG sobre el impulso al regadío Val de Lemos. En dos folios de explicaciones el Gobierno dedica apenas un párrafo a la comarca de Lemos, donde -dice- «existen cooperativas que se dedican a la prestación de servicios a los agricultores, aunque de escasa dimensión económica». No obstante, en Galicia «la Comunidad autónoma tiene la competencia en materia de cooperativas», según precisa la contestación sobre el impulso del regadío Val de Lemos. Los datos sobre la situación real del canal son mucho menos ambiguos que la respuesta facilitada por el Gobierno. Sobre un total de 2.500 hectáreas de terreno regables, repartidas por los municipios de Monforte, Bóveda, Pobra do Brollón y Sober, apenas doscientas están cultivadas. Casi nueve de cada diez hectáreas son improductivas o están a monte, según estimaciones oficiales. Los expertos conocedores de la zona insisten en que el regadío es un recurso potencial importante, por sus condiciones para la explotación de determinados cultivos y en particular para la horticultura extensiva. Sin embargo, la realidad es que los agricultores de esta zona adquieren el maíz forrajero en León, en vez de cultivarlo, y que la huerta, cuyos productos podrían generar grandes ingresos, sirve casi exclusivamente para el autoconsumo. El aprovechamiento de terrenos próximos al regadío para usos muy diferentes al agrícola ha motivado que el agua de las acequias sirviese en ocasiones para usos tan dispares como el llenado de piscinas. «Lo peor del regadío Val de Lemos es que está muy cerca de Monforte», sentencia un técnico.