Cambios pequeños y factibles que aumenten la actividad física son suficientes para reducir la mortalidad
VIDA SALUDABLE
Cinco minutos de movimiento extra al día disminuyen las muertes por todas las causas, según un nuevo estudio publicado en «The Lancet»
14 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El mensaje cada vez queda más claro: cualquier movimiento, por pequeño que sea, suma. Un nuevo estudio publicado en The Lancet encontró que, si la mayoría de personas incrementasen cinco minutos diarios la actividad física de intensidad moderada a vigorosa —desde caminar a paso ligero, a actividades más intensas—, se podrían prevenir hasta un 10 % de las muertes en el conjunto de la población adulta.
Para calcularlo, los investigadores de la Norwegian School of Sports Sciences analizaron datos de más de 135.000 adultos, procedentes de siete cohortes de Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido, con un seguimiento medio de ocho años.
La investigación explica que reducir treinta minutos al tiempo sedentario diario se relacionaría con una disminución del 7 % en la mortalidad del conjunto de la población si esta medida fuese adoptada por la mayoría de los adultos que, de media, suelen pasar unas diez horas al día sentados. Además, si los sujetos clasificados como los más sedentarios (porque están doce horas de media inactivos) la pusiesen en práctica, se obtendría una reducción del 3 % en la misma variable.
Eso sí, esto solo puede decirse a nivel poblacional. Los investigadores detallan que las conclusiones están orientadas a lectores de instituciones y responsables de salud pública, y no como conclusiones a nivel individual. En otras palabras, y según explican los autores, la pauta de incrementar la actividad o reducir el sedentarismo no debe entenderse como una dosis milagro, sino como el resultado de pequeños cambios realistas y sostenidos que «adoptados de forma amplia por la población, pueden traducirse en una reducción sustancial de la mortalidad global».
Las estimaciones actuales de fallecimientos evitables mediante el aumento de la actividad física y la reducción del tiempo de inactividad se basan en datos autodeclarados, en los que se asume que las personas deben cumplir las directrices de la OMS, según detallan los autores.
La investigación aporta una nueva visión: mediante cifras obtenidas del uso de acelerómetros, observaron que los beneficios del movimiento podrían estar infraestimados, ya que al estudiarlo con medidas más objetivas, la relación entre actividad física y mortalidad resulta más fuerte de lo que se creía.
Si bien las conclusiones con respecto a la actividad física ligera son llamativas, porque demuestran que todo cuenta, el estudio se centró en mayor medida en el efecto de moverse con una intensidad moderada o vigorosa. Así vieron, por ejemplo, que realizar, al menos, diez minutos adicionales al día de esta se relaciona con un 15 % menos de muertes en la mayoría de adultos, y un 9 % menos entre los menos activos.
Un extra modesto y factible
Isabel Aguilar, profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Zaragoza, dice en declaraciones a Science Media Centre que este metaanálisis contiene varios resultados de interés: «El principal es que pequeños aumentos en la actividad física de tipo vigorosa o moderada parecen disminuir la mortalidad por todas las causas. Además, estudian para ellos dos posibles escenarios: uno de ‘alto riesgo' en el que estudian el efecto de la actividad física en aquellos que menos ejercicio realizan, y que maximizaría el beneficio individual en las personas más inactivas; y otro escenario ‘poblacional' en el que se actuaría sobre toda la población, salvo aquel 20 % más activo, y que tendría un mayor impacto en términos absolutos», contempla la especialista. El estudio, que enfatiza la importancia del movimiento a la hora de reducir la mortalidad, pone de manifiesto que cambios modestos y realistas ya suponen beneficios.
Olga Monteagudo, médica titular de la sección de Medicina Preventiva del Hospital General Universitario Reina Sofía (Murcia), apunta que el trabajo proporciona evidencia sobre resultados en salud con pequeños cambios en los patrones de actividad física y conducta sedentaria en países de ingresos altos. «Por un lado, aclaran que estos resultados sirven para entender los beneficios generales para la sociedad, y no deben usarse para dar consejos o planes de ejercicio personalizados a una persona concreta. Por otro lado, destacan la necesidad de profundizar en la investigación en países de ingresos bajos y medios, donde las estructuras demográficas, los niveles de actividad física y los perfiles de riesgo epidemiológico pueden diferir sustancialmente de los observados en la cohorte del estudio», precisa la profesora asociada del departamento de Ciencias Sociosanitarias de la Universidad de Murcia, en SMC.
Helios Pareja Galeano, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid especializado en Fisiología del ejercicio y Actividad física y Salud y director del Grupo de Investigación en Fisiología del Ejercicio y Nutrición, valora la buena calidad metodológica de la investigación, porque al medirse de forma objetiva con dispositivos de acelerometría, «se reducen sesgos del autoinforme y permite modelar la relación dosis-respuesta», indica. El vicedecano de Empleabilidad, Prácticas de Posgrado y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, explica en SMC que el estudio permite estimar el impacto potencial de desplazar la distribución poblacional a partir de los niveles observados. «Por ejemplo, qué proporción de muertes podría evitarse si los menos activos acumularan 5 o 10 minutos al día de actividad física moderada-vigorosa o si se redujera el sedentarismo en 30 o 60 minutos diarios. Esta lógica de escenarios está claramente planteada por los autores y ayuda a comunicar que pequeños objetivos podrían tener un retorno relevante en salud pública», plantea.
Con todo, el estudio, al ser observacional, tiene limitaciones. «Entre las principales se encuentra el hecho de que podrían existir otros factores no tenidos en cuenta por los autores que hayan confundido los resultados del estudio. Además, solo analiza mortalidad para todas las causas, por lo que sería interesante su ampliación estudiando causas específicas de muerte y otros desenlaces, como la reducción de aparición de ciertas patologías o de discapacidad», propone Aguilar.
Los autores, conscientes de ello, también concluyen que es necesario profundizar en los efectos de la actividad física medida mediante dispositivos en países de ingresos bajos y medios, pues las características de sus habitantes —edad, niveles de actividad física o la carga de enfermedad— son diferentes de las incluidas en el reciente metaanálisis.