Las claves para una vuelta al cole sin estrés: «No es que se porten peor, es que están desbordados»
LA TRIBU
Los expertos recomiendan ir retomando poco a poco los horarios habituales de cara al regreso a la rutina para que los niños puedan adaptarse más fácilmente
08 ene 2026 . Actualizado a las 11:30 h.Los primeros días del año son para celebrar, especialmente para los niños. La cabalgata de Reyes, los regalos, las reuniones familiares y la vuelta al cole que todavía se siente lejana marcan un ritmo de relajación de rutinas que debe, inevitablemente, llegar a su fin antes del regreso a las aulas. Para volver a los hábitos saludables y reducir, poco a poco, el nivel de estimulación que reciben los más pequeños a lo largo de las fiestas navideñas, los expertos recomiendan tener presente cómo funciona el cerebro en desarrollo.
Regular el sistema nervioso
El cambio que se produce con las vacaciones en los hábitos de los niños resulta perjudicial. «Hay mucha ciencia que nos dice que la regularización que se produce en los horarios durante el tiempo que están los niños en el colegio es muy beneficiosa para establecer los hábitos. Tienen una hora de acostarse y una hora de dormirse, fijas, tienen una hora para hacer cada una de las comidas, están establecidos también los horarios para hacer deporte, actividad física, y todo eso se rompe durante las vacaciones», observa Julio Álvarez Pitti, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital General de Valencia e investigador del Ciberobn.
Como explica Paloma García Aranda, psicóloga infantil y psicopedagoga del Centro PSIA y de la plataforma TusClasesParticulares.com, el tiempo de ocio y los cambios en la alimentación que suelen ocurrir durante las vacaciones pueden llegar a desestabilizar el sistema nervioso de los más pequeños. «Las Navidades suponen, para muchos niños, una sobrecarga emocional. Hay ilusión y momentos de disfrute, pero también una ruptura importante de rutinas, exceso de estímulos, cambios de horarios y muchas expectativas externas», señala.
Esto puede resultar en cambios en la conducta de los niños. Cabe recordar que el comportamiento es la principal vía de comunicación que tienen los menores para expresar cómo se sienten, ya que sus cerebros están en desarrollo y no disponen del vocabulario o la capacidad de abstracción para decir: «Estoy irritable» o «tengo ansiedad».
«Muchos padres se encuentran con la expectativa de que los niños sean adultos en tamaño pequeñito, que sepan controlarse como podría hacerlo un adulto. Pero el cerebro de los niños tarda mucho tiempo en desarrollarse. En condiciones óptimas, un cerebro se termina de desarrollar después de los 20 años. Los niños pequeños pueden tener explosiones emocionales», explica en este artículo la psicóloga Beatriz Cazurro. No hay que preocuparse, por tanto, ante los problemas que puedan aparecer en este momento del año. «Vemos más llanto, irritabilidad, cansancio o incluso conductas regresivas. No es que se porten peor, es que están desbordados», asegura García.
Minimizar sus dificultades es una estrategia que tiende a dar pocos resultados. «Transmitir calma y seguridad es clave. Hay que escuchar sin juzgar y evitar frases como "no pasa nada". Es mucho más útil decir: "Entiendo que estés nervioso, vamos a ver cómo podemos ayudarte"», recomienda la psicóloga. En cambio, es importante el irles preparando, «irles anunciando poco a poco que se va acercando el tiempo de normalidad. Hablar de que esto ha sido un tiempo excepcional, de qué bien nos lo hemos pasado y de qué suerte hemos tenido de estar todos juntos. Pero es que ahora volvemos a lo normal, y lo normal es donde uno tiene que aprender a vivir feliz», explica Álvarez.
En este sentido, García señala que es preferible retomar los hábitos de forma gradual, «explicando a los niños que los cambios forman parte del retorno a la rutina y no de un castigo. Establecer normas claras y coherentes, ofrecer alternativas atractivas, como actividades físicas o meriendas saludables, y dar ejemplo desde el entorno familiar facilita la aceptación. Involucrar a los niños en pequeñas decisiones, como elegir menús o pactar tiempos de pantalla, refuerza su sensación de control y reduce la resistencia».
Descanso adecuado
Volver de vacaciones nunca es fácil, pero en la vuelta a clases de enero se añade la complicación de que las celebraciones se extienden hasta prácticamente el regreso al curso, lo que puede hacer que sea especialmente difícil retomar la rutina. Ante este panorama, García recomienda acompañar el proceso sin exigir una adaptación inmediata.
En este sentido, será clave la recuperación de los horarios de descanso habituales. «Lo ideal es ir adelantando la hora de acostarse y levantarse entre 15 y 20 minutos cada día hasta llegar al horario escolar. Así el organismo se adapta mejor y evitamos un choque brusco», propone García. Para conseguirlo, es importante volver a tener horarios regulares de comidas y limitar el uso de pantallas antes de dormir. «Mantener una rutina previa al sueño predecible, con actividades tranquilas como la lectura y sin pantallas en la última hora, ayuda a que el cuerpo recupere su ritmo natural. En cuanto a la alimentación, es importante restablecer horarios regulares de comidas, especialmente el desayuno, priorizando opciones equilibradas y evitando cenas copiosas o demasiado tardías que interfieran con el descans», recomienda la experta.
Hay que tener en cuenta que, si no hemos ido reintroduciendo estos horarios, no va a ser sencillo acostar a los niños a su hora la noche previa al regreso al aula. «Hay que empezar por lo menos tres o cuatro días antes y hacerlo progresivamente. Si no, los primeros días van a estar muy cansados», advierte Álvarez, lo que repercutirá en el rendimiento escolar.
Aquí, volver a limitar el uso de pantallas, si es que ha habido mayor permisividad durante las fiestas, será clave. Para esto, Álvarez sugiere guiarse por el Plan Digital Familiar que ha elaborado la Asociación Española de Pediatría. «Hay que entender que no hay un uso seguro de los dispositivos. La recomendación es, de 0 a 6 años, nada de pantallas. De 6 a 12, una hora, como máximo, y nunca más de dos horas en el resto de edades», propone.
Para lograrlo, existen aplicaciones que limitan el uso y también podemos recurrir a otras actividades, especialmente, juegos al aire libre que impliquen moverse. Pero sobre todo, es clave dar el ejemplo. «Los niños aprenden mucho más por lo que ven que por lo que les decimos. Y si yo le estoy diciendo a mi hijo o hija que no se lleve el móvil al dormitorio y me ve que yo me estoy llevando el móvil al dormitorio, ahí no tengo nada que hacer», señala Álvarez.
Limitar el azúcar
La alimentación cambia, inevitablemente, durante estas fechas. Turrones, refrescos y dulces cuyo consumo es mucho más controlado a lo largo del resto del año salen a relucir y están presentes en todas las sobremesas, en muchos casos, observa Álvarez, «desde el primero de diciembre», una situación que conlleva un impacto negativo acumulado cuando, ya entrado enero, seguimos por ese camino. «Este tipo de alimentos tienen muchísimo azúcar y calorías y deberían ser algo excepcional, para las comidas de Navidad, Fin de Año y Reyes, nada más», subraya el pediatra.
En este sentido, el experto propone replantearse por qué los hábitos se transforman tanto en períodos vacacionales. «El hecho de estar de vacaciones no implica que tengamos que hacer una relajación de nuestra responsabilidad como padres. Las vacaciones son vacaciones en cuanto al tiempo libre y de ocio, pero lo bueno sería que los hábitos se mantuvieran, excepto en fechas puntuales», señala.
Para que estos hábitos se mantengan, lo ideal es no dejar que entren ciertos alimentos al hogar, pudiendo consumirlos solamente fuera de casa. «Si hay turrón en casa, se comerá. Si hay panettone, lo mismo. Nosotros tenemos que aprender a no tenerlos, porque la disponibilidad genera el conflicto. Y es responsabilidad de los padres que, si a partir de una cierta fecha no queremos que se coman productos no saludables, no los tengamos», explica el experto en Promoción de la Salud.
Vuelta al cole con salud
Las primeras semanas de enero son, cada año, el peor momento en las urgencias y las salas de espera de los centros de salud. Las gripes, los catarros y otros virus respiratorios se encuentran en su pico tras las reuniones de Navidades en las que se produce la transmisión. Con la vuelta a clases, los niños se convierten, una vez más, en vectores de este tipo de enfermedades.
Por eso, el doctor Álvarez recomienda actuar con prudencia ante la aparición de síntomas. «Si un niño tiene fiebre, no puede ir al colegio ni a la guardería; por él y por los demás. Y si tiene síntomas respiratorios, podemos usar mascarillas para evitar la propagación», indica. En caso de tener tos, mocos o congestión nasal, señala, el lavado frecuente de manos es fundamental para que sea menos probable pasar esos microbios a otras personas.
En el plano de la salud mental, las familias deben estar atentas a señales que indiquen dificultades de adaptación. «Irritabilidad persistente, llanto frecuente, rechazo intenso a ir al colegio, aparición de miedos nuevos o una apatía prolongada pueden ser indicadores de malestar. También pueden manifestarse síntomas físicos como dolores de cabeza o de estómago recurrentes, especialmente antes de salir de casa», observa García. En estos casos, escuchar al niño, validar sus emociones y mantener rutinas estables resulta fundamental. Si las dificultades se mantienen durante varias semanas o interfieren de forma significativa en su bienestar o funcionamiento diario, es aconsejable consultar con el profesorado o con un profesional especializado.