Alberto Galindo, el ginecólogo que opera corazones del tamaño de un euro: «La mayoría de los problemas fetales los encontramos en parejas sanas»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Alberto Galindo, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital 12 de Octubre.
Alberto Galindo, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital 12 de Octubre.

El experto ocupará en los próximos meses el sillón número cinco de la Real Academia Nacional de Medicina de España

29 dic 2025 . Actualizado a las 13:31 h.

Alberto Galindo (Madrid, 1962) se dedica a algo al alcance de muy pocos. Operar a un paciente que no puede ver ni tocar, y que aún se encuentra en pleno desarrollo. El jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital 12 de Octubre, en Madrid, fue pionero en el 2007 al operar el corazón de un feto de 25 semanas que aún se encontraba en el vientre materno. Desde entonces, no ha parado.

Con una voz calmada, de la que se deduce el temple que puede tener al intervenir a un feto de veintitantas semanas, cuenta que terminó en su especialidad con el deseo de ayudar al prójimo. Antes, le hubiese gustado ayudar a su hermano. «Él tenía doce años cuando falleció, yo, 17, y estaba a las puertas de entrar en la universidad. Siempre había tenido muchos problemas de salud», cuenta el experto.

Una experiencia que, como parece lógico, le dejó huella y marcó muchas de las decisiones que tomó en su vida. «En la obstetricia y la ginecología vi la oportunidad de ayudar a niños que pudieran tener problemas semejantes a los de mi hermano y eso es lo que me movió», reconoce. Cuarenta años después, asegura que no se equivocó.

—¿Es una especialidad que ha cambiado mucho?

—Ha cambiado muchísimo. Los avances tecnológicos han situado a la especialidad en otra dimensión respecto a cómo estaba cuando yo comencé. Eso nos ha permitido generar el cuerpo de conocimiento que tenemos hoy en día, que es la medicina fetal. El feto hace 40 años era, prácticamente, un desconocido al momento de nacer, y hoy en día es un paciente al que conocemos muy bien desde etapas muy tempranas del embarazo. Esto supone un antes y un después gracias a la tecnología y, con ella, a nuestro propio perfeccionamiento como especialistas, ya que también hemos ido creciendo de la mano de la expansión tecnológica que nos ha permitido hacer cosas que hace cuarenta años eran impensables.

—¿Como qué?

—Conocer al feto desde el primer momento, su desarrollo, su fisiología y su anatomía. Conociendo todo esto podemos diagnosticar sus problemas mucho antes de que nazca. Antes, los diagnósticos prenatales eran excepcionales, hoy en día son la norma. Los hacemos con mucha precocidad y mucha precisión y, en gran medida, alcanzan a una enorme parte de la población. Se han desarrollado programas de cribado, que se aplican al conjunto de embarazadas y, aunque no llegan al 100 % por diferentes motivos, lo cierto es que la inmensa mayoría están vigiladas de forma correcta en cualquier punto de nuestro país. A los fetos que ellas portan, se les estudia desde etapas tempranas, y se puede diagnosticar bien su normalidad y también su patología. Además, hemos desarrollado la posibilidad de tratar algunos de estos problemas antes de que el niño nazca. Hemos diagnosticado los problemas, hemos conocido bien la historia natural de estos problemas, sabemos a lo que conducen cuando no se hace nada ante ellos y hemos desarrollado la forma de actuar con el fin de mejorar el pronóstico. Por tanto, los cambios han sido extraordinarios.

—Le conté a mis compañeros cuál era su trabajo y que iba a entrevistarle. Todos me preguntaron por el tamaño del corazón de un feto. Será pequeño, ¿pero cuánto?

—Es muy pequeño, para que os hagáis una idea, un corazón de unas 20 o 21 semanas tiene un tamaño semejante a la moneda de un euro. Realmente lo que hacemos, más que operar, es intervenir. Para ello, introducimos catéteres en el corazón con el objetivo de abrir válvulas cardíacas que están cerradas, como es el caso de la estenosis aórtica grave, que es la entidad que fundamentalmente se trata intraútero, pero también la estenosis de la válvula pulmonar y, en ocasiones, incluso hacemos intervenciones sobre el tabique interauricular. Son complejas pero en manos expertas, en manos de gente que tenga experiencia en introducir agujas y dispositivos dentro del útero, son intervenciones que se pueden hacer con un grado de seguridad importante.

—¿Cómo se hacen?

—No hay forma de acceder al corazón del feto en esas semanas de gestación que no sea yendo al corazón directamente. A diferencia de lo que se hace cuando un paciente ha nacido, que se puede acceder a través de una arteria o de una vena periférica, en el caso de un feto, las estructuras son tan pequeñas que la única forma es entrando en el corazón directamente. Hay que introducir una aguja dentro, justo en la cavidad cuya válvula queremos abrir; en el ventrículo izquierdo si es la aorta, en el ventrículo derecho si es la pulmonar. Todo esto se hace con control de la ecografía. Y una vez que estamos dentro, pasamos el catéter, que tiene un balón en la punta el cual inflamos justo en el anillo valvular que está enfermo, con el fin de abrir esa válvula y que la sangre pueda salir a través de ella de forma más normal de lo que salía antes de la intervención.

—Atraviesa el corazón del feto y, también, la barriga de la madre.

—Claro. La piel de la madre, la capa muscular, entramos en el útero, atravesamos la pared torácica del feto y entramos en el corazón. Atravesamos con la aguja todo lo que está en nuestro camino. Esto lo hacemos con sedación y anestesia local en la madre, y con anestesia general en el feto, para evitar que le duela y que se mueva. Tiene que estar absolutamente dormidito como para que no se mueva cuando le pinchamos el tórax.

—Ha contado en más de una ocasión que la intervención en sí no dura más de once minutos, lo cual todavía parece más complejo.

—Sí, porque uno no puede estar en el corazón mucho tiempo con la aguja metida. Lo que muchas veces nos lleva más tiempo es la colocación del feto en la posición correcta. Hasta que lo tenemos de tal manera que cuando entramos con la aguja dentro del útero podemos acceder correctamente a nuestra diana, ya sea el ventrículo izquierdo o el ventrículo derecho. Para eso, a menudo, tenemos que invertir mucho tiempo en colocarlo correctamente para que, cuando accedamos al interior de la cavidad amniótica, tengamos el ventrículo que queremos lo mejor situado posible.

—El corazón es del tamaño de un euro, ¿la estructura es igual a la de un adulto?

—Tienen la misma estructura que tú. El corazón de un fetito ya se ha terminado de formar en la semana ocho o nueve, lo único que hace es crecer y desarrollarse, pero la estructura ya está hecha. Por tanto es igual, es un corazón que con algún pequeño detalle, como que hay de forma natural un defecto en el tabique que separa las dos aurículas y que hay algunas conexiones entre, por ejemplo, la arteria pulmonar y la aorta, que están abiertas y que se cierran cuando el niño nace. Pero sí, con pequeñas diferencias, es muy parecido al de un adulto.

—¿Qué cardiopatía justifica que ustedes puedan hacer una intervención intrauterina?

—Aquellas que dejadas a su libre evolución condicionan un deterioro irreversible del corazón. Fundamentalmente son tres: la estenosis valvular aórtica grave, la estenosis valvular pulmonar grave y, por último, el cierre prematuro del tabique o del agujero que hay entre las dos aurículas que de manera natural tiene un feto. 

—¿Pueden hablar de un porcentaje de éxito?

—El éxito técnico, entendiendo como tal que conseguimos entrar dentro del corazón y podemos dilatar la válvula objetivo, se sitúa entre el 80 y el 90 % de los casos. Es decir, casi siempre somos capaces de hacer lo que nos hemos propuesto. Ahora bien, el éxito biológico, es decir, que el corazón sigue creciendo de forma normal después, cosa que no hubiera sucedido sin la intervención, se sitúa entre el 40 y el 50 % de los casos. Los padres tienen que conocer estos datos y saber que el procedimiento tiene un riesgo. Eso hace que, en función de las semanas de embarazo en las que se haga —cuanto más tarde, mejor la tolera el feto, y cuanto más pronto, más complicaciones hay— la tasa de mortalidad se sitúa entre el 10 y el 30 %.

—¿Cómo de diferente es tratar a un paciente que ni ven ni tocan?

—Es muy diferente. En primer lugar, para tratar a un feto tenemos que intervenir a otro paciente. De alguna forma, tenemos que utilizar, entre comillas, a la madre para poder alcanzar al feto. Decíamos antes que la aguja atraviesa todo lo que se pone en su camino, y eso es la madre. Es verdad que son intervenciones que para ella, el riesgo es de cero. Aunque creo que, si fuese superior, aceptarían de buen grado. En cualquier caso, tenemos que contarles a los padres qué resultados pueden esperar y en qué consiste para que ellos lo acepten. Les preocupa mucho qué va a pasar con su hijo una vez haya nacido. Por eso, insistimos en que la terapia fetal no es definitiva, sino que es una terapia puente. Consigue que el niño nazca en mejores condiciones de las que hubiera nacido si no hubiéramos hecho la intervención. Eso sí, con toda seguridad, una vez nazca necesitará intervenciones adicionales con el fin de conseguir que ese corazón haga su función de la forma más normal posible y tenga una calidad de vida comparable a la de cualquier otro niño de su edad sin esa cardiopatía. 

—¿Cómo ha sido el avance del diagnóstico prenatal de cardiopatías?

—Ha avanzado muchísimo. De ser un diagnóstico excepcional hace 30 o 35 años, a ser un diagnóstico habitual. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? Antes, solo hacíamos ecografías a pacientes que tenían antecedentes, que habían tenido un hijo previo con una cardiopatía congénita o con cualquier, digamos, antecedente que nos hiciera pensar que esa madre tenía un riesgo especial de tener un niño con un problema de corazón. Pero lo que sabemos hoy en día es que el 99 % de los problemas aparecen en población de bajo riesgo, es decir, que no tiene antecedentes de ningún tipo. Si queremos diagnosticar las cardiopatías correctamente antes de que el niño nazca, tenemos que hacer ecografía a toda la población de embarazadas. Lo que ha cambiado fundamentalmente es que hoy en día hacemos esos programas de cribado  al conjunto de la población y, en este país, ofrecemos al menos tres ecografías durante el embarazo, una por trimestre. Con ellas, un objetivo muy importante es ver la anatomía del niño para investigar si tiene algún problema en general, y particularmente en el corazón, ya que es la estructura humana que más defectos graves tiene. Sabemos que los problemas cardíacos son muy comunes; afectan a uno de cada cien nacidos. Muchas veces son problemas leves, pero el 50 % de esos problemas son graves o muy graves. Por ello, las cardiopatías son un objetivo fundamental en el diagnóstico prenatal.

—Realizó la primera intervención de este tipo en el 2007. ¿Estaba nervioso?

—Tienes la tranquilidad de tu experiencia acumulada desde ese momento. Eres capaz de introducir una aguja en estructuras muy pequeñas, como puede ser un corazón físico y, por tanto, tienes ese soporte que te da la experiencia. Es verdad que ese día estaba nervioso, inquieto, porque cada vez que uno hace una cosa por primera vez, se pone nervioso, como el primer día que conduces el coche en solitario. Pero, por suerte, en mi hospital tengo un contexto multidisciplinar y han pasado casi 20 años y aquí estamos.

—Entonces, ¿una madre sana no es seguro de un bebé sano?

—No siempre. La mayor parte de los problemas fetales los identificamos en parejas o en madres que son absolutamente sanas o que no tienen factores de riesgo reconocibles. Es decir, una madre sana de un embarazo con un curso completamente normal no garantiza que el feto no pueda tener un problema. Por eso se hacen ecografías al conjunto de la población de embarazadas, tengan o no factores de riesgo, tengan o no un embarazo complicado, tengan lo que tengan. Tenemos que hacer ecografías a todas porque en cualquiera, en cualquiera nos podemos encontrar un problema. Afortunadamente, en la mayoría de los casos damos buenas noticias y decimos que el feto está bien, que es niño o que es niña, y se acabó. Pero hay un porcentaje, por suerte que es pequeño, pero implica un problema.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.