Asegurar el futuro para el órgano más trasplantado de España: «Una de cada siete personas de las que te cruzas tiene enfermedad renal»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen de archivo de un trasplante de riñón en el Chuac.
Imagen de archivo de un trasplante de riñón en el Chuac. Gustavo.

Una nueva terapia celular probada, por el momento, en laboratorio abre la puerta a controlar el rechazo de los pacientes a la hora de recibir un nuevo riñón

17 dic 2025 . Actualizado a las 19:28 h.

La enfermedad renal crónica avanza a pasos de gigante. En Galicia, la prevalencia es de 1.514 de pacientes por millón de población, muy por encima de la media nacional que se sitúa en 1.406. Una cifra que se traduce en que 4.100 individuos necesitan tratamiento renal sustitutivo para reemplazar la función de sus riñones. «De la gente que te encuentras por la calle, una de cada siete tiene enfermedad renal. Afecta al 15 % de la población, es muy prevalente», apunta Emilio Sánchez, presidente de la Sociedad Española de Nefrología (SEN).

Se trata de una patología silenciosa, cuyos primeros síntomas son, en muchas ocasiones, muy inespecíficos. Malestar general, cansancio o pérdida de apetito. Solo cuando sigue avanzado y los riñones han perdido gran parte de su funcionalidad, los signos se hacen más evidentes: la comida sabe mal o la orina puede presentarse con espuma. Si mantiene este mal camino aparecen las alteraciones electrolíticas, de sodio, de potasio y de otros iones, la retención de líquido en forma de edema en miembros inferiores, los calambres o la insuficiencia cardíaca. 

Se calcula que, entre el punto en el que se inicia y alguien llega a diálisis, transcurren, de media, veinte años. No es cuestión de hoy para mañana. Precisamente, por ello, el doctor Sánchez destaca la importancia de tratar de ponerle freno. «En un adulto sano, de unos treinta y pico años, partimos del 100 % de la función de sus riñones. Para llegar a un tratamiento renal sustitutivo, se debe reducir hasta un 10 %», expone. 

En esta situación, existen tres opciones. De mejor a peor: el trasplante renal, la diálisis peritoneal en casa y la hemodiálisis en el hospital. Un nuevo riñón es, para el especialista, la mejor alternativa. «Tanto para el paciente como para el sistema sanitario y el medio ambiente». La mala noticia es que solo el 25 % de los que los precisan lo consiguen. ¿La razón? «Aunque no hay una edad límite, en general, es necesario tener menos de 82 años; hay que tener el corazón en buen estado; no tener un tumor, porque la medicación haría que se desarrollase; ni tampoco una infección activa», destaca Sánchez. 

Con estos requisitos, para el 75 % de los pacientes solo resulta viable la diálisis. De nuevo, hay dos formas de recibirla. En casa, algo preferible desde todos los puntos de vida, o en el hospital. «Sin embargo, esta última es la más utilizada», reconoce el nefrólogo. 

Ahora bien, este porcentaje puede reducirse en favor del trasplante, especialmente, en vista de los avances en la medicina, porque una nueva terapia celular probada por el momento solo en laboratorio, abre la puerta a controlar el rechazo en trasplantes de riñón. 

Este es uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta el paciente trasplantado: «Salvo que le pongamos el riñón de su hermano gemelo, siempre habrá un rechazo porque el sistema inmune reconoce que tiene una cosa que no es suya, como las bacterias o los virus, y la ataca», explica Sánchez. En concreto, existen unas moléculas principales conocidas como la HLA, «que son lo que llaman el Complejo Mayor de Hiscompatibilidad, que determinan en mayor grado la compatibilidad entre donante y receptor», destaca el doctor Eduard Palou, jefe de sección de Inmunología del Trasplante del Hospital Clínic de Barcelona. 

Para evitarlo, se recurre a dos medidas. En primer lugar, «buscar aquellos donantes que sean compatibles con el receptor», precisa Palou. Y, segundo, se prescribe medicación inmunosupresora, que duerme, por así decirlo, a las defensas. Ahora bien, esto conlleva riesgos. Si el sistema inmune no trabaja, «el riesgo de infecciones o de cáncer se incrementa», precisa el presidente de la SEN. Encontrar el equilibrio entre suprimir la actividad de las defensas y evitar el riesgo es el reto. 

En este contexto, un estudio desarrollado por tres centros de investigación en Barcelona (Hospital Clínic), Leiden y Róterdam (Países Bajos), diseñaron una innovadora y «revolucionaria» estrategia de inmunoterapia celular que puede cambiar el manejo de los trasplantes, entre ellos, los de riñón. 

La propuesta, todavía en estudio, consiste en la creación de células a la carta, que solo actúan contra los responsables del rechazo, sin dañar el resto del sistema inmune. Esto es muy útil por lo preciso que resultaría. «Los inmunosupresores son fármacos muy efectivos, pero eliminan toda activación, tanto la buena como la mala. Por eso, lo que pretendemos con nuestra investigación es eliminar las células que promueven los anticuerpos contra el donante y mantener viables el resto», plantea el doctor Palou, uno de los líderes del proyecto. En otras palabras, crear una inmunosupresión selectiva. 

Para ello, el grupo de investigadores modificaron linfocitos, que son las células del sistema inmune, para que actúen como francotiradores y puedan reconocer y, con ello, atacar, a los anticuerpos dañinos. En laboratorio, estas células bloquearon a las culpables del rechazo. 

Por el momento, aclara el investigador, la iniciativa solo se ha probado in vitro, en el laboratorio. En el futuro, «la idea es coger células del paciente a partir de su sangre, llevarlas al laboratorio y modificarlas genéticamente para introducirles unas moléculas que las dirijan, de manera específica, hacia las células productoras del rechazo». Es, en definitiva, la misma idea que ya se está utilizando en tratamientos de leucemias y linfomas con las terapias CAR-T.

Este avance, aunque aún se encuentre en fase preclínica, podría convertirse en una opción terapéutica para personas en lista de espera de trasplante con pocas alternativas debido a una elevada sensibilización del sistema inmunitario, así como para pacientes trasplantados que sufren rechazo, prolongando la supervivencia del órgano y mejorando su calidad de vida. 

Pese a tratarse todavía de un trabajo experimental, los resultados abren una vía muy prometedora: emplear células del propio sistema inmunitario, modificadas en el laboratorio, como tratamiento personalizado frente al rechazo. Si futuros estudios validan estos hallazgos, los investigadores subrayan que esta estrategia de inmunoterapia celular de precisión podría convertirse en una herramienta revolucionaria en el ámbito del trasplante, al abordar el problema desde su origen.

Por el momento, los investigadores han generado, en laboratorio y en modelos animales, células específicas y han podido comprobar que producen anticuerpos y que, sin embargo, no dañan al resto. Todavía falta por comprobar su eficacia en humanos. Hasta que esto llegue, les queda dar un paso intermedio: «Realizar un ensayo clínico utilizando la misma tecnología CAR para eliminar cualquier célula productora de anticuerpos. Con esto, veremos el nivel de efectividad de la terapia en situación de trasplante», explica el investigador. Una vez esto se compruebe, se pasa al siguiente nivel: a las células específicas que solo maten a las que deben. De conseguirlo, se podría hablar de un avance pionero para la seguridad y salud del paciente trasplantado. 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.