¿Podremos llegar a vivir 150 años? «Hoy en día, es ciencia ficción»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

La ourensana Esperanza Cortiñas es ahora mismo la persona de más edad de Galicia, con 108 años.
La ourensana Esperanza Cortiñas es ahora mismo la persona de más edad de Galicia, con 108 años. Santi M. Amil

Una conversación informal aviva un debate donde los expertos celebran el avance que ha vivido la medicina de la longevidad en los últimos años, pero insisten en que todavía hay retos por solventar

05 sep 2025 . Actualizado a las 13:57 h.

A los micrófonos abiertos, los carga el diablo. Los últimos que han protagonizado una conversación privada que se hizo pública por culpa de estos aparatos han sido Vladimir Putin y Xi Jinping, durante el encuentro que tuvo lugar en la cumbre de Pekín. En el diálogo, traductores mediante, el presidente chino destaca que «en el pasado, la gente rara vez vivía más de setenta años, pero hoy en día se dice que a esta edad todavía se es un niño». A continuación, el dirigente de Rusia responde algo que no se llega a entender, para después finalizar: «Los órganos humanos pueden ser trasplantados continuamente. Cuanto más se vive, más joven se es, e incluso alcanzar la inmortalidad». «Las predicciones apuntan a que en este siglo se pueda vivir hasta los 150 años», apuntaba Xi Jinping. 

Podría ser una conversación informal, pero dado los interlocutores rápidamente se traslado al debate público. ¿Ciencia ficción o ciencia a secas? Posteriormente, en rueda de prensa, Putin tuvo que pronunciarse sobre la charla, que pudo haber sido de ascensor, pero acabo siendo de altos vuelos: «Creo que el presidente habló de ello cuando íbamos caminando hacia el desfile. El señor Berlusconi se interesó mucho por este tema en su momento. Los medios modernos de asistencia sanitaria, la medicina e incluso algunas cirugías relacionadas  con el trasplante de órganos permiten a la humanidad esperar que la esperanza de vida activa no sea como la actual, que varía de un país a otro. En cualquier caso, permite esperar que la esperanza de vida aumente considerablemente», exponía el presidente ruso, de 72 años. 

Desde el siglo XX, la esperanza de vida en el mundo se ha duplicado a un ritmo sobresaliente. En España, por ejemplo, en 1975, la gente alcanzaba, de media, los 73,44 años; las mujeres llegaban hasta los 76,25 y los hombres, algo menos, a los 70,53. En cambio, en el 2023, la esperanza de vida nacional fue de 83,77; la de las mujeres se incrementó hasta los 86,34 años, mientras que la de los hombres se limitó a los 81,11. Cifras a celebrar. Tanto los avances en medicina y salud pública, como la mejora de las condiciones de vida en general, permiten que la población viva más y mejor. La pregunta del millón, tal y como se planteaban los dirigentes, es: ¿dónde está el límite?

El envejecimiento no solo afecta a la piel y al exterior, sino que es un proceso biológico de profunda complejidad en el que se implican distintas variables. «Es multifactorial. Incluso, cada tipo celular o cada tejido envejece a una velocidad determinada», asegura Guillermo López, catedrático del área de Biología Celular e investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. El organismo va acumulando, a todos los niveles, «tejido celular dañado que no se puede eliminar y que provoca que todos los órganos y tejidos vean mermada su función», añade el profesor de la Universidad Pablo de Olavide. 

Si la genética o el ambiente importan más o menos está todavía por dilucidar. Existen ejemplos, con nombres y apellidos, que evidencian el peso del ADN en esta materia. Es el caso de los supercentenarios, «en los que se sospecha que la genética pesa más», responde Salvador Macip, catedrático de biología molecular de la Universidad de Leicester (Reino Unido). En el resto de los mortales, aquellos que celebran los noventa, el porcentaje parece dividirse entre vivir bien y tener buenos genes.  

En cualquier caso, López descarta la idea de que haya un solo gen que te permita vivir más o menos, «sino que hay personas a las que ciertas proteínas les pueden funcionar mejor y hacer que su sistema inmunitario, las células, se acaben defendiendo de forma más eficiente ante el estrés oxidativo y, por tanto, puedan vivir más tiempo», ataja el investigador, que no descuida la variable de la suerte. En esta última, sin ciencia de por medio, pero sí con dosis de realidad. «Vivir en un ambiente que esté poco contaminado o en el que no sufras muchas infecciones, entre ellas las virales que dejan muchas secuelas, incrementan el riesgo. Y, desde luego, está la posibilidad de sufrir un accidente que merme la capacidad física y, con ello, se acelere el envejecimiento», explica. 

Los 150 años de vida que plantea el presidente chino no hace que ninguno de los expertos consultados se lleve las manos a la cabeza. Desde luego, no es una posibilidad en el presente o en un futuro cercano, sin embargo, es un límite que se ha propuesto en el debate científico en más de una ocasión. «Esta predicción se hace extrapolando los resultados que se han obtenido en modelos tipo ratón, tipo gusano o mosca, pero es difícil llevar estos resultados al ser humano», comenta el catedrático andaluz, quien todavía observa una enorme barrera a la hora de comparar la población humana con la roedora. 

Uno de los retos a los que se enfrenta la medicina de la longevidad es la de superar, siquiera, los 120 años. «Habría que dar con algo que ralentizara el envejecimiento, incluso, desde que somos niños», comenta López. Si en esta materia hay una certeza es que uno envejece desde el momento en el que nace. 

Manuel Collado, jefe del laboratorio de Envejecimiento, Cáncer y Células Madre en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (Idis), afirma que es imposible alcanzar los 150 años. Es más, si bien existen propuestas centradas en combatir «los procesos que nos hacen envejecer de manera que podamos ralentizar la proresión del deterioro», no existe nada aplicable a humanos.

En una línea parecida se pronuncia Macip, quien descarta que, por el momento, se pueda hablar de vivir 150 años. Por el contrario, sí celebra los avances que han tenido lugar en el campo de la longevidad en la última década. «Hemos pasado de la teoría a la práctica», asegura el experto, que se describe como optimista con respecto a lo que está por llegar: «Creo que en las próximas décadas puede hacerse realidad el hecho de alargar la esperanza de vida con fármacos o con algún tipo de intervención». Con muchas incógnitas que todavía están por desfilar, el investigador destaca que su investigación y la de otros muchos colegas se centra en mejorar la calidad de vida, «y no tanto alargarla porque sí», cuenta. «Esto conlleva vivir más tiempo, pero nuestro objetivo es estar sanos el máximo tiempo posible», precisa. 

Jeanne Calment, que falleció en 1997, fue la persona más longeva hasta el momento, ya que vivió 122 años. Se casó con un rico comerciante y nunca tuvo que trabajar.
Jeanne Calment, que falleció en 1997, fue la persona más longeva hasta el momento, ya que vivió 122 años. Se casó con un rico comerciante y nunca tuvo que trabajar.

Una de las claves para vivir más y mejor es el campo de la senescencia celular, en el que también se están invirtiendo, precisamente, más recursos. Las células senescentes son células, por así decirlo, muy viejas, que cuando alcanzan el estado de senescencia dejan de hacer su función. En este punto, el sistema inmune debería eliminarlas; sin embargo, no lo consigue y, por lo tanto, acaban teniendo un efecto nocivo en el tejido en el que habitan. «La estrategia de atacarlas o evitar que se acumulen es uno de los campos que parece que, más pronto, podremos ver resultados, pues ya se están haciendo ensayos clínicos de este tipo de fármacos», comenta el experto. Los estudios no se centran en el envejecimiento en sí mismo, sino en enfermedades relacionadas con ello, como el alzhéimer o el cáncer.  

Otras líneas de investigación en las que se están depositando mucho esfuerzo exploran posibles cambios en la epigenética que logran un rejuvenecimiento, «pues se sabe que estos cambios epigenéticos son parte del envejecimiento; en el metabolismo explorando «si la restricción calórico o los fármacos que simulan esta restricción pueden activar mecanismos de antienvejecimiento», resume Macip; así como en la regeneración celular. Respecto a esta última posibilidad, Collado apunta que todavía no ha sido efectiva a la hora de aplicarla, si quiera, en enfermedades en las que se lleva «años planteando» como la insuficiencia cardíaca: «Reemplazar células es mucho más complicado de lo que pueda parecer». 

Los trasplantes

Eso sí, entre estas formas de aumentar la esperanza de vida no se encuentran los trasplantes. Al menos, tal y como los planteaba el presidente ruso durante los micros abiertos. «El sistema nervioso o el tejido conjuntivo no se pueden trasplantar», ejemplifica López. Collado, por su parte, recuerda que estas intervenciones se «restringen a pacientes cuya vida corre peligro y requieren de un órgano para sobrevivir».

De hecho, según el experto del Idis, esta tecnología se encuentra con un muro «difícil de superar»: «Pese a la generosidad de la sociedad, muchos órganos no se pueden trasplantar porque proceden de personas envejecidas. Con la sociedad cada vez mayor, esto se irá convirtiendo en un problema más grande», expone Collado. Aumentar el número de órganos disponibles mediante un tratamiento que los rejuveneciese aumentaría los tejidos disponibles y la tasa de éxito de los trasplantes. Algo que está en investigación.

Precisamente, su grupo forma parte de un consorcio que busca financiación en este sentido. «Nuestro objetivo es poder rejuvenecer órganos destinados al trasplante», señala el científico, que añade: «Esta posibilidad nos permitiría ensayar propuestas antienvejecimiento en órganos antes de dar el salto a humanos». 

El envejecimiento, de ser un proceso biológico a plantearse como enfermedad

La ciencia de la longevidad no está exenta de debates, especialmente, en lo que a filosofía y definiciones se refiere. A día de hoy, el envejecimiento se entiende, de manera general, como un proceso biológico complejo y multifactorial, pero no como una enfermedad. Ahora bien, no todos los expertos de esta rama están de acuerdo. «Hay laboratorios que están buscando algún tipo de píldora de la juventud o de soluciones terapéuticas al envejecimiento, y esto lleva a tratarlo como si fuese una enfermedad, cuando no lo es», expone el catedrático Guillermo López, quien se posiciona de manera clara en que consiste en un proceso natural. «Forma parte del desarrollo del ser, no solo del ser humano, sino de todos los seres vivos». 

Para Macip, si debe considerarse una cosa u otra es la pregunta del millón. El investigador cuenta que, con el paso de los años, su percepción ha ido cambiando: «Si me preguntases al principio de empezar en esto, diría que el envejecimiento es una parte normal de estar vivo. Ahora no estoy tan seguro porque tiene características parecidas a una enfermedad», detalla. En concreto, se refiere a una serie de mecanismos dentro de la célula que hacen que se activen unas respuestas que lleven al envejecimiento, tal y como sucede con el cáncer, por ejemplo. «Si no lo vemos como una patología, no podemos hacer nada para evitarlo. Por el contrario, si lo consideramos como un momento en el cual el cuerpo se deriva hacia una enfermedad, podemos evitarlo o retrasarlo al máximo», expone.

Esta disyuntiva ha sido motivo de discusión en numerosas canciones, incluso tiene una importancia a nivel legal: «Si el envejecimiento no es una enfermedad, no se pueden hacer ensayos para tratarlo, porque estaríamos abordando una condición normal», concluye el experto. 

Lucía Cancela
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Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.