1. FAVORECER UNA BUENA FORMA FÍSICA
Descanso
Hay que asegurarse de que los más pequeños duerman 10 u 11 horas; los mayores, entre 8 y 9.
La televisión y el ordenador deben estar prohibidos en la habitación: son demasiado tentadores (es mucho pedir que un niño o adolescente tenga la voluntad de apagarlos a la hora de estudiar, de descansar...).
Hay que controlar el tiempo que dedican a Internet, al teléfono móvil y a las pantallas en general. Chats de madrugada, mensajes al móvil a todas horas... así no hay quien estudie.
Alimentación
Lo más recomendable es: desayunar fuerte (imprescindible para rendir a nivel intelectual), comer bien, merendar algo y cenar poco.
Dieta variada, a base de verduras, pescado, carne, leche, huevos, fruta y alimentos ricos en fibra.
En general, evitar los alimentos con mucho azúcar (bollería, chucherías, refrescos...) y la comida basura: además de obesidad causan sobreexcitación.
El ritmo de las comidas debe marcar el resto de las actividades del día, y no al revés.
Ejercicio físico
Practicar algún deporte o actividad física de forma moderada y habitual es absolutamente necesario para estar activo intelectualmente.
Por eso no es conveniente poner como castigo el dejar de hacer deporte (al igual que no se les puede castigar prohibiendo leer libros...).
2. ACONDICIONAR UN LUGAR DE ESTUDIO ADECUADO
Un lugar fijo. Es importante que exista un espacio en el que el estudiante se sienta cómodo. Se necesita una mesa amplia y una silla confortable, a una altura proporcional. Y una buena iluminación, que se puede conseguir con una lámpara azul de 60 vatios. Si además la luz natural entra por el lado izquierdo, perfecto.
Sin ruidos. Tampoco es posible hacer las tareas escolares con la televisión encendida o con la música a tope, sobre todo cuando requieren mucha concentración. Sin embargo, para algún tipo de actividades más relajadas, como trabajar en una lámina para Plástica, puede aceptarse una música de fondo.
Bien ventilado. Las células del cerebro agradecen el oxígeno. Así que, a la hora de ponerse a estudiar, es mejor hacerlo en un lugar bien aireado.
3. EXIGIR HÁBITOS Y RUTINAS
Hay que exigir el cumplimiento de un tiempo de estudio diario, acordado con el propio estudiante, adaptado a su nivel educativo, características personales...
No hay que sobrecargarlo con actividades extraescolares que requieren estudio (inglés, música...).
Hay que respetar su tiempo de ocio: estudiará mejor si sabe que después viene un tiempo de descanso y dispersión.
Y enseñarle a organizarse: no todos tienen facilidad para hacerlo. En estos casos, hay que ayudarlo a establecer unos objetivos, priorizar materias, llevar al día una agenda en la que marcar fechas de entrega de trabajos o exámenes... Y, si aún no las domina, hay que enseñarle técnicas de estudio.
Como padres, es suficiente con que nos mostremos disponibles y con supervisar su proceso, hasta que consiga ser totalmente autónomo.
4. MANTENER EL CONTACTO CON EL CENTRO ESCOLAR
Es necesario asistir a la reunión grupal de principio de curso y mantener un contacto periódico con el tutor de nuestro hijo para prevenir dificultades y evitar «sorpresas» desagradables con las notas finales.
5. PREMIAR Y, SI ES NECESARIO, CASTIGAR
En general, siempre funciona mejor el premio o refuerzo positivo que los castigos. Pero estos últimos deben aplicarse cuando ha habido un incumplimiento del horario de estudio pactado. Por el contrario, el esfuerzo invertido en hacer las cosas bien siempre debe ser recompensado, al margen de los resultados.
6. TRANSMITIR APOYO DE FORMA EXPRESA Y AFECTIVA
Todos trabajamos mejor si nos sentimos respaldados por alguien querido que nos aguarda en casa. Los estudiantes no son una excepción. Este respaldo emocional de la familia es fundamental a lo largo de todo el curso, y no solo en los momentos de mayor ansiedad, como en los exámenes.