Oposiciones a profesor en Vigo: «Me presenté siete veces y esta espero lograrlo»
VIGO CIUDAD
Casi 2.500 graduados se examinan en distintos centros de la ciudad tras muchas horas de estudio y esfuerzo
21 jun 2026 . Actualizado a las 01:36 h.Tiene mas resiliencia que Pedro Sánchez, pero no se le parece en nada. «Me ha presentado siete veces», dice Nerea Rodríguez Rey, una maestra con discapacidad de 31 años. Es una de las 2.460 personas que se ha presentado hoy en distintos centros de Vigo a las oposiciones para profesores convocadas por la Consellería de Educación. Esta vez espera lograrlo.
En el resto de Galicia también ha habido pruebas con miles de participantes. Entre todos se disputan 1.251 plazas en todas las especialidades, así que va a estar muy reñido. En Vigo se han celebrado exámenes en nueve institutos: el de Educación Infantil e Inglés de primaria en A Guía; el de Primaria, en Teis; el de Pedagogía Terapéutica, en Valadares; el de Filosofía, en Santa Irene; el de Física y Química, en Santo Tomé, que ha sido el más concurrido con 439 opositores; el de Tecnología en el instituto Castelao; el de Procesos Sanitarios, en la República Oriental do Uruguai y el de Audición y Lenguaje en el Instituto Álvaro Cunqueiro. A este han acudido 230 opositores y quizá sea el de los maestros con una vocación más enraizada en su cabeza y su corazón porque van a dar clases a los niños más necesitados, a los que tienen problemas de comprensión y lectura por diversos factores como el autismo y que requieren más dedicación y paciencia.
Bien lo sabe Ángela Barbosa, profesora del área y uno de los miembros de uno de los tribunales del antiguo instituto Coia 4, hoy Álvaro Cunqueiro, que ha ido controlando a los opositores. Antes del inicio de los exámenes, en la cafetería del centro esperaban a los primeros clientes. Normalmente no abren un sábado pero al concesionario le pidieron que prestase servicio por ser una jornada especial. El primero en tomarse un café fue Xosé Manuel, un sindicalista que informaba en la puerta del instituto de todo el proceso de oposiciones.
En la entrada del centro, en la calle Porriño, se juntaban los grupos de amigos y comentaban la jornada decisiva: «Estamos agobiados, es un proceso complicado», señalaba Heber Fernández, un joven de 28 años de Vigo que se ha presentado por cuarta vez y confía en lograr una plaza fija, de la que espera un sueldo de más de 1.700 euros para empezar a dar clases.
Miriam Rodríguez y Malena Sánchez, que han sido compañeras en la Escuela de Magisterio, estaban con muchos nervios y los calmaban charlando como buenas amigas.
Raquel Rea había acudido desde Pontevedra para presentarse en Vigo porque en la especialidad en Audición y Lenguaje no había quórum suficiente en su ciudad para presentarse a la prueba
Otros jóvenes repasaban el temario ante de entrar mientras que algunos mostraban mucha tranquilidad como Julia Terradillos, de O Porriño, que aseguraba: «Estoy bien. Es mi vocación. Me gusta mucho». Esa tranquilidad proviene de ocho horas de estudio diarias aunque en los últimos tiempos ha tenido que reducirlas a cuatro al día porque «ahora también trabajo en una asociación». Antes de entrar a la prueba enfatizaba su propósito: «Voy a intentar hacerlo lo mejor posible». Otra joven expresaba su anhelo de poder ingresar en el cuerpo de funcionarios «porque el año pasado me quedé a las puertas».
Dentro del edificio había controles de metales e inhibidores de frecuencia pero el profesor Pablo Mariño, que es la segunda vez que evalúa una prueba similar, señala: «La gente no copia». Pablo cotejaba la entrada de los candidatos con su DNI. Los jóvenes hacían cola, salvo Nerea, que camina con ayuda de un andador y esperó en un banco a poder entrar. Una vez verificada la asistencia iban pasando para una charla explicativa. Luego, mas tarde los exámenes en ocho aulas, con un caso práctico y un tema teórico a escoger entre dos. Para adentrarse en el sancta santórum había que recorrer pasillos en un centro donde la figura del escritor Álvaro Cunqueiro está omnipresente. En las paredes también se puede ver el punto naranja donde ellos jóvenes alumnos pueden denunciar el ciberacoso. El buzón está vacío.